Energías limpias de verdad

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Energía eólica

Viento, sol y mar. Estas son las materias primas fundamentales para la obtención de energía limpia y ésas son las fortalezas de Canarias para avanzar hacia un modelo energético sostenible, inteligente y respetuoso con el medio ambiente. Cualquier otra apuesta, por provisional que sea, nos alejará de un objetivo que todos los canarios debemos considerar como irrenunciable.

Esta misma semana la isla de El Hierro ha vuelto a ocupar espacios informativos a nivel estatal por haber conseguido abastecerse al cien por ciento con energías renovables. Gorona del Viento, lo he repetido muchísimas veces, es el mejor ejemplo de ese camino por el que ha de transitar el Archipiélago. Debemos aspirar a sentar las bases de una economía generadora de empleo, innovadora y sostenible y contamos con el mejor de los aliados para ello: la naturaleza.

Canarias no puede desaprovechar la oportunidad que se le presenta –ahora que el debate ha vuelto a tomar fuerza en el seno de la Unión Europea– para afianzar su posición como centro generador de fuentes energéticas alternativas y, en paralelo, ir reduciendo su dependencia de las energías convencionales, especialmente las fósiles. El futuro no pasa por el petróleo, ni siquiera por el gas; pasa por la biomasa, por el aprovechamiento de la energía solar, de la eólica en tierra, de las energías marinas y la eólica offshore o marina.

Hay que explotar todos los recursos a nuestro alcance para que dentro de cuatro años podamos contar con un 30 por ciento de penetración de  las energías renovables en nuestra economía y podamos tender progresivamente hasta el 100 por cien en los años siguientes.

Pero para conseguir ese objetivo –ambicioso pero realizable– el legislador debe poner todas las cartas boca arriba. Ha de mostrar un apoyo incondicional al sector de las energías renovables y facilitar su introducción; es decir, exactamente lo contrario de lo que ha hecho hasta el momento.

Efectivamente, en los últimos años hemos visto cómo el Gobierno de España se ha empeñado en poner palos en las ruedas del sector. En lugar de promocionar las energías renovables ha legislado par entorpecer su desarrollo, hasta tal punto que ahora mismo el Ministerio de Industria se enfrenta a decenas de denuncias de inversores ante organismos de arbitraje internacional.

El camino es otro. Se trata de allanar el terreno para que las energías limpias puedan sustituir –no solo complementar– a las energías convencionales. Y en ese recorrido Canarias debe jugar sus bazas para aprovechar las indudables fortalezas que atesora. Desaprovecharlas sería un error mayúsculo y una insensatez para con las próximas generaciones.

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