No debemos bajar la voz

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Comunidades autónomas

Días atrás, el lehendakari reclamó ante el Rey que se afronte la reforma del modelo de Estado. La presidenta de Navarra reivindicó esta semana que lo que se ha dado en llamar `cambiar la forma de hacer política´ debe hacerse efectivo en el ámbito de las relaciones territoriales. Cataluña, movilizada por el `quietismo´ de Mariano Rajoy, camina hacia su siguiente órdago secesionista, con el problema añadido -en esta ocasión- de que la sociedad catalana -tanto la independendista como la que no se suma a ese proceso- avanza hacia septiembre con la percepción de que la ausencia de respuesta politica multiplicará la tensión política, económica y social a la vuelta del verano.

A la vista está, la necesidad de poner al día el modelo territorial volverá a situarse en lo alto de la agenda a partir de septiembre, entre otras razones porque cuando el modelo de Estado da claras señales de fatiga, sin que el Estado se dé por aludido, la economía se resiente, y así cabe augurar que si a las turbulencias griegas sumamos las incertidumbres territoriales en España las incertidumbres acabarán minando el inicio de la recuperación.

¿Y Canarias? ¿Debe Canarias mirar hacia otro lado y desentenderse de un debate, el territorial, que lejos de situarse por encima o debajo de otras prioridades -recuperación económica y social- lo condiciona y condicionará?

No, Canarias no puede cruzarse de brazos, sería una irresponsabilidad desentenderse de la agenda que va a condicionar -desde ya mismo, pero sin duda a partir de septiembre- decisiones políticas de calado. No cabe decir que no toca. Tampoco argumentar que otras son ahora las preocupaciones.

Toca porque lo contrario, desentenderse de unos movimientos que irán a más en las relaciones del Estado con determinados territorios, sería tanto como bajar los brazos, algo que no tiene precedentes en nuestro recorrido autonómico; toca porque lo contrario, restar importancia a las turbulencias del modelo de Estado, sería tanto como abandonar una reivindicación -nuestra singularidad, las particularidades que históricamente hemos hecho valer en Madrid y Bruselas- que define y debe seguir definiendo nuestro ser y estar en España y la UE.

El argumento de que ahora lo prioritario es impulsar la recuperación económica y social -según todos los indicadores, desde hace meses Canarias lidera dicha recuperación- se responde con la evidencia de que, en gran medida, las reglas del juego del modelo territorial y los marcos presupuestarios y financieros son vasos comunicantes.

He escrito en infinidad de ocasiones, y reitero en esta ventana que mantengo abierta a debates constructivos, que Canarias debe ir a más nacionalismo, no a menos -leal, responsable y constitucionalista, porque esos valores y no otros identifican al nacionalismo canario-.

La capacidad de diálogo no está reñida con la firmeza. Defender que Canarias fortalezca su posición en el modelo de Estado no es un pecado de confrontación, es un ejercicio de responsabilidad. Si se renuncia a ese ejercicio, si se baja la voz, abriremos las puertas a que el territorio con mayores particularidades del Estado sea atendido y entendido como uno más, arriesgándonos a que traten como igual al más distinto de los territorios.

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