La hoja de ruta de Sánchez

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Los comicios andaluces del pasado domingo han cerrado el ciclo electoral iniciado en diciembre en Extremadura. En medio, los castellanoleoneses y los aragoneses también acudieron a su cita con las urnas. Estos intensos últimos seis meses han resultado buenos para el Partido Popular, ganador en las cuatro comunidades donde se han celebrado elecciones; malos para el PSOE; peores para la coalición Sumar y soñados para Vox, la formación de ultraderecha que lidera Santiago Abascal.

A pesar de las cuatro derrotas consecutivas de los socialistas, incluidos los estrepitosos fracasos de la exportavoz del Gobierno, Pilar Alegría, en Aragón, y de quien fuera su todopoderosa vicepresidenta, ministra de Hacienda y número dos del partido, María Jesús Montero, en Andalucía, Pedro Sánchez reitera su objetivo de agotar la legislatura.

Por el carril de la derecha, Vox está recorriendo un camino muy parecido al que en su día pedalearon por la izquierda primeramente Podemos y más tarde Sumar. Después de que el bipartidismo saltara por los aires en 2015, nuevos partidos como los citados, además de Ciudadanos, se han ido convirtiendo, de forma sucesiva, en árbitros de la política española.

Sorprendentemente, el ego y el protagonismo excesivo de sus líderes está siendo castigado sin contemplaciones por los ciudadanos, que descubren que la prometida “nueva política” es más de lo mismo. Pablo Iglesias, Albert Rivera y Yolanda Diaz lo han sufrido —o lo están sufriendo— en sus propias carnes ¿Tendrá Santiago Abascal el mismo recorrido dentro de Vox?

Por lo pronto, las urnas están colocando al partido de la ultraderecha en una posición decisiva en la conformación de los gobiernos autonómicos y su sostenimiento. Con escaso éxito, la derecha empezó siendo durísima con los acuerdos alcanzados por el PSOE con los partidos independentistas que soportan a Sánchez para su llegada y mantenimiento en La Moncloa. Pero, poco a poco, se ha ido asumiendo como parte del juego para posibilitar la democracia.

Es probable que los triunfos relativos del Partido Popular en las elecciones de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía puedan proyectase a nivel estatal. Es decir, los populares necesitan de la ultraderecha para sumar mayorías de gobierno. Se trata de la posición soñada por Sánchez y le da juego. Transcurridos ya unos años de presencia de los de Abascal en las Instituciones, creemos que el daño político de esa hipotética alianza ya está bastante amortizado.

Los ciudadanos le están dando a Vox la responsabilidad de administrar la posición de bisagra con respecto al Partido Popular. En las cuatro comunidades autónomas donde ha habido elecciones, se repite el mismo esquema: ganan los de Núñez Feijóo, pero la estabilidad de sus gobiernos y sus prioridades políticas se ven condicionadas a la fuerza de la ultraderecha.

Todos los sondeos y encuestas conocidas a día de hoy apuntan a que una misma situación —el triunfo del PP dependiendo de Vox— podría repetirse en las elecciones generales previstas para el próximo año.

Hasta ahora, los partidos con un papel de bisagra han fracasado. Ocurrió con Podemos, se repitió con Ciudadanos y lleva el mismo camino Sumar. Unos —Podemos y Sumar—, porque se dejan engullir por el partido mayoritario y otros, porque dilapidaron el poder que les otorgó el pueblo para cambiar las cosas, como fue el caso de Ciudadanos.

Sánchez quiere llevar la legislatura hasta el verano de 2027, entre otras cosas porque tiene la esperanza de que los acuerdos del PP con Vox empiecen a chirriar, generando disfunciones suficientes que desmotiven al electorado conservador y ultraconservador.

Pero, aún sin que unos y otros hayan digerido el resultado de las recientes alecciones en Andalucía, llega ahora la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Terminará Pedro Sánchez viéndose obligado a un cambio de su hoja de ruta? Está por ver.