La visita del papa León XIV a España ha culminado de forma exitosa. Tanto desde el
punto de vista organizativo como por la respuesta popular, España ha proyectado al
mundo una muy buena imagen. Madrid, Cataluña y Canarias arroparon con respeto y
emoción al jefe de la Iglesia católica.
Los más de siete minutos de caluroso aplauso que le dedicaron diputados y senadores
al término de su discurso en la sede del templo de la palabra, en la carrera de San
Jerónimo, reflejan la empatía de nuestros representantes políticos con el líder del
Estado vaticano.
Quedará para la historia esa atronadora ovación con la que sus señorías premiaron el
discurso de León XIV, uniendo sus energías los representantes del PSOE, PP, Vox,
Más Madrid, Izquierda Unida, Catalunya en Comú, Compromís, Verdes Equo, Alianza
Verde, Chunta Aragonesista, Iniciativa del Pueblo Andaluz, PNV, ERC, Junts y CC.
Solo faltaron Podemos y BNG. Ni los más viejos del lugar recuerdan un hecho así.
Previamente, su antecesor en el cargo de jefe de la Iglesia católica, el papa Francisco,
muy sensibilizado con todo lo relacionado con la migración, lo comentó. Primero, con
el expresidente Ángel Victor Torres, para confirmarlo después con Fernando Clavijo,
en la visita que le hizo encabezando una representación de las Islas, en enero de
- El fallecimiento de Francisco, lamentablemente, frustró su deseo.
Pero la visita de León XIV a Canarias no solo ha respondido al compromiso de su
predecesor. El fenómeno migratorio permanece en lo más alto de las preocupaciones
de la Iglesia, igual que de la mayoría de los gobernantes del planeta. Afrontarlo bien es
uno de los grandes retos que tiene el mundo actual.
Sin duda, la visita del Papa ha tenido un impacto espectacular en todo el planeta,
convertida en una promoción impagable de las Islas. Más gente de todos lados conoce
mejor las bondades de este archipiélago atlántico. Por su competitividad como destino
turístico. Por la calidad y transparencia de nuestro cielo. Por la excelencia del clima
isleño. Por su rica biodiversidad y la diferencia paisajística. Por la calidad de las aguas
que nos rodean y, muy especialmente, por ser un pueblo de acogida, noble y solidario.
Reconocernos como tal en modo alguno significa asumir mansamente ser la cárcel o
casa de acogida de las decenas de miles de personas que buscan un futuro mejor,
utilizando al Archipiélago como trampolín hacia Europa.
Tenemos que aceptar que somos frontera de un continente en el que habitan millones
de personas en condiciones infrahumanas, donde impera la pobreza y la hambruna.
La geografía nos ha colocado como eslabón en el recorrido que tienen que llevar a
cabo hacia el territorio continental europeo. Pero no el último de ese camino, sino uno
más.
Debemos mantener nuestra solidaridad y compromiso con cualquier ser humano,
desde la llegada a nuestras costas, prestándole auxilio y acogida, hasta que, lo antes
posible, se proceda a su distribución, con criterios equitativos, entre el resto de los
territorios del Estado.