España se va a los extremos


España ha dejado de jugar por el centro, de tiempo a esta parte parece estar condenada a jugar sólo por los extremos, por la izquierda o la derecha. El futuro inmediato se vislumbra todavía más excluyente si nos atenemos a lo que manifiestan en los sondeos de opinión los seguidores de ambos bandos. Los que juegan por la izquierda estarán cada día más en manos de unos socios que quieren jugar, no ya por la banda izquierda, sino sin respetar las reglas del juego que en su día fueron construidas entre todos; mientras, los que juegan por la derecha parecen cada día estar más condenados a depender exclusivamente de la disposición unos jugadores que, respetando las reglas actuales, añoran parte de las que estuvieron en vigor hace más de cuarenta años y suspiran por desandar parte de la modernización del sistema conquistado en el transcurso de estas últimas décadas.

En el último sondeo de opinión publicado por el diario El País, España afronta el gran reto que supone el control definitivo de una pandemia que está destrozando vidas, situando al límite de sus fuerzas y capacidades a nuestro sistema sanitario, comprometiendo la recuperación de la maltrecha economía y dificultando el regreso a los niveles de bienestar perdido con el país fracturado políticamente, moviéndose en dos frentes: el de la extrema izquierda o el de la extrema derecha. El juego en el que, desde centro político, se conformaban alianzas nucleadas en la socialdemocracia o en la derecha civilizada, parece haber desaparecido.

El mapa que augura el trabajo del instituto demoscópico es la un Parlamento más difícilmente gobernable que el actual. La confluencia de PP, Vox y los dos escaños que se le atribuyen en el sondeo a Navarra Suma llegaría a 168 diputados. Añadirle los ocho diputados necesarios para alcanzar los 176 de la mayoría absoluta se antoja casi imposible en un Congreso fracturado con un gran peso, otra vez, del independentismo; de hecho, si la izquierda intentase repetir la coalición de gobierno quedará aún más dependiente de los independentistas catalanes incluido el apoyo explícito de Junts per Catalunya, el partido de Carles Puigdemont.

Tanto los independentistas, por la izquierda, como el partido de Abascal, por la derecha, van a someter a Pedro Sánchez o Pablo Casado a posiciones extremas si quieren contar con sus respectivos apoyos.

En una situación tan compleja como la que dibuja el sondeo de 40dB publicado por El País, España está condenada a radicalizar sus posiciones políticas. El distanciamiento desde las posiciones centradas que han marcado la política española desde la llegada de la democracia –hasta hace prácticamente un par de años– está llevando al país a una posiciones frentistas que despiertan preocupación en una buena parte de la sociedad.

En este contexto, la práctica desaparición que le auguran las encuestas a un partido como Ciudadanos anuncia una mala noticia para la política en el ámbito del Estado. 

Ciudadanos estaba llamado a ser el partido bisagra que facilitara gobiernos centrados, en ocasiones con los socialistas y otras con los populares. Flaco favor le hizo a España la torpeza con la que Albert Rivera gestionó la confianza que los españoles depositaron en él.

Lo mismo les puede pasar a Sánchez o Casado si siguen anteponiendo sus ambiciones personales al interés general del Estado. Están en juego muchas cosas. Entre ellas, el modelo de sociedad en el que tendremos que convivir en el futuro. De persistir en el frentismo y el desacuerdo avanzará el modelo radical, por la izquierda o por la derecha, que más tiene que ver con regímenes más propios de Latinoamérica que de Europa.