El fracaso olímpico de la política española

Etiquetas

, , , , ,

Rajoy, en una recepción oficial con deportistas que compitieron en Río 2016 (WEBDIGITAL)

Rajoy, en una recepción oficial con deportistas que compitieron en Río 2016 (WEBDIGITAL)

La actualidad ha reunido en el día a día de estas semanas la celebración de los Juegos Olímpicos y las negociaciones que se están llevando a cabo en España para formar gobierno. Desde que echó a andar la XII Legislatura -el 19 de julio- con el posterior encargo del Rey a  Mariano Rajoy de formar gobierno -el pasado 28 de julio, después de la ronda de contactos con todos los partidos con representación parlamentaria- nada o casi nada se ha movido para desatacar la cada vez más delicada crisis política e institucional que sufre el Estado. Al otro lado del Atlántico, en Río de Janeiro, alrededor de 10.500 deportistas están dando  lo mejor de sí mismos para mostrar al mundo los valores que encarna el olimpismo: igualdad, justicia, imparcialidad, respeto a las personas, racionalidad, entendimiento, autonomía y excelencia.

A Rafael Nadal le sobra lo que a la política española le falta

El espíritu olímpico exige comprensión mutua, espíritu de amistad, solidaridad y juego limpio. Afortunadamente, son muchos los deportistas que podríamos poner como ejemplo, en España y en el mundo, de entrega,sacrificio, espíritu de superación, amor propio y compromiso; y, quizá por cercanía, uno de ellos es sin duda Rafael Nadal, que  aún perdiendo logró ganar, al incrementar el respeto más que merecido que le tienen millones de personas.  A pesar de perder dos de los tres partidos que daban paso a la gloria olímpica, hoy el de Manacor ha crecido como ejemplo de fe y generosidad, de saber ganar y perder, de ganarse el respeto de aquellos a los que representa.

A Nadal le sobra lo que a la política española le falta. Mientras de Río de Janeiro nos llegan decenas de anécdotas ejemplarizantes como la de Nadal, de la “España política” nos sigue llegando más y más de lo mismo: narcisismo, egoísmo, juego sucio, incomprensión y crecientes irresponsabilidades, si tenemos en cuenta el delicado momento que atraviesa el país.

España pasa por una de las situaciones más complicadas de estos casi cuarenta años de democracia. Después de los difíciles años de la transición -especialmente por el acoso de ETA- y del frustrado intento de golpe de Estado del 23-F de 1981, no habíamos vivido una situación tan desalentadora. La diferencia de estos tres hitos de nuestra reciente historia la marca el sentido de Estado, la responsabilidad y el compromiso de los partidos políticos de aquellos y de estos momentos. En los primeros años de la transición -y en el 23-F- los partidos no hicieron dejación de su responsabilidad en el gobierno o en la oposición, supieron leer y comprender que había que sacrificar interés partidario para colocar por encima el interés general, por compromiso de Estado.

Estamos ante uno de los momentos que marcan el futuro de un país

El rencor anida en la política española. He sostenido, y sostengo, la tesis de que el atentado de Madrid del 11-M de 2004 y la gestión que se hizo del mismo abrió una brecha entre los dos grandes partidos de aquellos momentos -PP y PSOE- que aún hoy no se ha superado. El PSOE no supo gestionar con generosidad el triunfo que le otorgaron las urnas y el PP no ha perdonado nunca la actuación del PSOE en la jornada de reflexión.

Estamos ante uno de los momentos que marcan el futuro de un país. España -después de casi 40 años de avance y progreso- necesita remover sus estructuras, reformas profundas que revitalicen nuestra democracia. La reforma de la Constitución, el reto territorial, las medidas para regenerar nuestra democracia, el compromiso para impulsar medidas que frenen la grave brecha social, unos presupuestos restrictivos como exige Bruselas, la fijación del techo de gasto, la estabilidad presupuestaria y deuda pública, entre otros asuntos de calado, no se pueden abordar con un gobierno en minoría fruto de una abstención forzada de los socialistas.

Si incomprensible está siendo la actitud de Sánchez renunciando a poner sobre la mesa los grandes retos reformistas con un calendario para celebrar nuevas elecciones como máximo en dos años, pasándole toda la responsabilidad a Rajoy; más incomprensible es la actitud displicente de Rajoy que espera a que la presión mediática y de determinados poderes doblegue la voluntad de los socialistas. Sin duda, a los líderes de PP y PSOE les está faltando lo que les sobra a nuestros deportistas en Río: coraje, generosidad y sacrificio por lo que representan.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.