El riesgo de las desmovilización

El 10 de noviembre tendremos una nueva cita con las urnas. España se convertirá en el país europeo que más veces haya invitado a sus ciudadanos a expresarse en las urnas: cuatro en cuatro años. El resultado de las elecciones de diciembre del 2015 supuso un espectacular vuelco en la configuración de las mayorías de gobierno en España. Durante casi cuarenta años se articulaban -y alternaban- sobre la base de uno de los dos grandes partidos de Estado que había tenido nuestra democracia: el PP y el PSOE. Sin embargo, el deseo de los ciudadanos de oxigenar el sistema bipartidista, vigente en cuatro décadas, se materializó con el resultado que reflejaron las urnas: el bipartidismo perdió más de cinco millones de votos mientras los partidos emergentes superaban los ocho millones de apoyos.

Cuando acudimos a las urnas el 20 de diciembre del 2015 había síntomas claros de recuperación del lastre que nos había dejado la larga crisis económica y social que nos atenazó durante cuatro años. Estos últimos cuatro años -en los que España encabeza el ranking europeo del país que más elecciones ha celebrado en ese período- han coincidido con una mejoría general de los indicadores económicos y sociales; aunque aún lejos, eso sí, de recuperar el bienestar que disfrutábamos antes de la crisis.

Ese contexto económico y social no ha evitado al país verse abocado otra vez a la celebración de unas elecciones generales. Estamos citados nuevamente con las urnas el próximo 10 de noviembre, jornada que en esta ocasión se desarrollará, a diferencia de años pasados, en el marco de un horizonte económico lleno de nubarrones. La economía mundial apunta a un claro frenazo y en Europa hay síntomas de un enfriamiento de la economía alemana

Tampoco presenta un panorama muy halagüeño para la economía europea la incertidumbre que se cierne sobre el Brexit. El cuadro general apunta a un nuevo frenazo en la economía con las consiguientes consecuencias en el bienestar social de la gente -es una verdadera incógnita saber si en noviembre la ciudadanía estará sufriendo ya en sus bolsillos las consecuencias derivadas de una nueva crisis económica, y la incidencia que ello pueda tener en el resultado electoral-.

Mientras tanto, los partidos y sus líderes siguen centrados en sus intereses partidarios, en tácticas y estrategias que les ayuden a mejorar su posicionamiento electoral; poco o nada les ocupa el interés general del Estado y el de sus ciudadanos. Pedro Sánchez ha conseguido el objetivo que se marcó desde el mismo momento que se conocieron los resultados de las elecciones del pasado 28 de abril: repetir la convocatoria y coger a paso cambiado a sus competidores electorales. El primer reto fijado por Sánchez y su equipo ha sido -y es- aprovechar los errores cometidos por Unidas Podemos para seguir recuperando un voto que en su día fue socialista. Otro buen caladero para el PSOE es el voto más centrista, que en su momento captó Ciudadanos y que ahora Rivera tiene dificultades para fidelizar al moverse a posiciones más conservadoras.

Tampoco parece inicialmente que el PP pueda ser una amenaza para el PSOE a la hora dilucidar quié será el más votado. Pablo Casado y los suyos tienen un claro objetivo: recuperar los votos que en su día se fueron a Ciudadanos y a Vox. A pesar de unos pésimos resultados en las últimas elecciones locales y autonómicas, los populares gestionaron muy bien los mismos, permitiéndoles gobernar en lugares tan importantes como Madrid, Andalucía o Murcia.

Un duro trabajo les queda por delante a Pablo Iglesias y a Rivera para reencontrar su espacio social y político. No les será fácil escapar con éxito del aplastamiento que sobre ellos van a ejercer  los partidos protagonistas de cuarenta años de bipartidismo en España. Sánchez parte con todo a favor para conseguir el objetivo de crecer significativamente con respecto a los resultados del pasado abril. Lo único que le puede truncar sus planes es la desmovilización -por hastío- de los votantes de izquierda o el miedo a una nueva crisis económica. Y es que, como suele ocurrir, en las situaciones de incertidumbres económicas y de amenazas sobre el bienestar está vez la respuesta electoral de los ciudadanos tiene una carga de imprevisibilidad.