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Es tradicional que la actividad política quede prácticamente paralizada en el mes de agosto. Este año no será una excepción, a pesar de las consecuencias de los pavorosos incendios que asolan España. Además, siendo este periodo el preámbulo de las convocatorias electorales, tanto de las municipales y autonómicas como de las generales, los dirigentes políticos no tendrán otra que conciliar el descanso con el trabajo interno que conlleva toda proceso electoral. A buen seguro, las candidaturas para las listas, los programas y las estrategias electorales estarán en el pensamiento de todos los líderes.
En su reciente comparecencia ante la prensa, Pedro Sánchez ha efectuado un amplio repaso de la acción llevada a cabo por el Gobierno de coalición que preside. La economía y el empleo resisten muy bien los vaivenes derivados de las guerras en Ucrania e Irán y son, sin duda alguna, los puntos fuertes de su labor.
Eso sí, el presidente pasó de puntillas sobre el asunto que más desgaste le está produciendo ante buena parte de la ciudadanía y ante los partidos que le vienen apoyando desde la investidura: la corrupción.
Desde mi punto de vista, el mensaje con más calado político manejado por Sánchez en dicha comparecencia tiene que ver con su compromiso de presentar los Presupuestos Generales del Estado para 2027 y agotar la legislatura
El equipo económico del Gobierno trabaja para presentar unas cuentas expansivas para este cierre de mandato. Sin duda, un incremento generoso en el proyecto presupuestario le permitirá reforzar su carácter social, apuntalar las inversiones y atender las exigencias de los grupos minoritarios que le siguen apoyando.
No hay una fecha concreta. En su comparecencia, Sánchez aseguró que el Gobierno presentará el proyecto y que su voluntad es aprobarlo en lo que queda de año. Pero no determinó calendario alguno para esa cita con las urnas.
La llave de los comicios está en sus manos. Será la tramitación presupuestaria la que determine el objetivo reiterado de agotar la legislatura. Si del proceso negociador con los partidos que le han facilitado una mayoría surge el apoyo perseguido, tendremos Presupuestos del Estado para 2027 y legislatura hasta el límite reglamentario posible, es decir, el 17 de agosto del año próximo. Sería, sin duda, un doble triunfo para Sánchez.
Pero si, por el contrario, cuando el presidente lleve el proyecto de Presupuestos al Congreso de los Diputados no logra superar las enmiendas a la totalidad, tendrá la excusa perfecta para disolver las Cámaras y anticipar la convocatoria de elecciones generales para el primer trimestre de 2027. Un escenario que tampoco le viene mal a Sánchez, porque le permitiría utilizar ese proyecto presupuestario como base del programa electoral y colocaría frente al espejo a quienes no le apoyen.
Desde luego, lo que resulta evidente es que el control del calendario político de los próximos meses en el ámbito estatal estará en manos de Pedro Sánchez. Otra cosa será el otro calendario, el de de las causas judiciales que ensombrecen la acción de su Gobierno y debilitan la posición del partido que dirige.