Gana el bipartidismo

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En los mentideros de Madrid, donde concluyen banqueros, influyentes empresarios, algunos periodistas con peso específico, directivos de grandes compañías y significados políticos -en general retirados de la primera línea- se rumorea que el terremoto político que produjo la moción de censura al Gobierno de Rajoy y culminó con un cambio de inquilino en La Moncloa fue el fruto de un acuerdo inconfesable entre figuras destacadas del PP y PSOE, una operación que caso de ser cierta tendría por objetivo neutralizar el crecimiento de los partidos emergentes, resucitando así el bipartidismo imperante en los últimos cuarenta años.

En almuerzos, tomando un café o en los preámbulos de una reunión de trabajo se fabrican a veces noticias o rumores que acaban siendo noticia, versiones e hipótesis que en ocasiones se esfuman con los días, pero que a veces describen lo que realmente ocurrido pero no se ha publicado ni publicará jamás.

No será fácil confirmar que hay de cierto de cuanto se rumorea en los círculos del poder económico y político de la capital sobre la trastienda de la crisis política que terminó con el Gobierno del PP aupando a los socialistas. Fríamente valorado, parece un exceso de imaginación y fantasía. Pensar que con la poca empatía que se han tenido, los principales líderes del PP y PSOE hayan sido capaces de entenderse entre sí para frenar en seco la progresión de Podemos y lCiudadanos  es, cuanto menos, un poco forzado, aunque no necesariamente imposible.

La gestación del cambio de Gobierno en España puede ser objeto de análisis y de versiones encontradas. Las consecuencias políticas deja poco margen a la duda.

Fuere como consecuencia de una operación maquinada entre el PP y el PSOE o simplemente como consecuencia de la sentencia del caso Gürtel -que dejaba contra las cuerdas a los populares, facilitando el entendimiento de una mayoría parlamentaria para impulsar un cambio- el hecho cierto es que PP y PSOE recuperan protagonismo y, por contra, Podemos y Ciudadanos tendrán que reorientar su estrategia ante la inesperada nueva situación política.

Con 69 diputados y más del 20% de los votos emitidos, Podemos se convirtió desde las elecciones generales del 2015 en una seria amenaza para el PSOE. Aunque no había logrado aún superar a los socialistas en escaños, el partido de Iglesias ha ido haciéndose con el protagonismo de la izquierda en España, en detrimento de un Partido Socialista que gastaba sus energías buscando un consenso interno con el que poder recuperar el papel que siempre había jugado en estas últimas cuatro décadas. Es complicado predecir a medio plazo que renta política obtendrán los socialistas al frente del Gobierno con el apoyo de una amalgama de partidos muy diferentes, formaciones cuyos proyectos para España son incompatibles con el suyo. Ahora bien, lo que no parece dejar lugar a la duda es que la carambola les ha hecho recuperar en estos momentos su papel de referentes de la izquierda. El protagonismo que recupera el PSOE lo pierde Podemos, que va a tener que redefinir su estrategia y buscarse un espacio en el pequeño hueco que queda entre el apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez y el liderazgo de la oposición que van a disputarse PP y Ciudadanos.

Por otra parte, la pérdida del gobierno y la posterior renuncia de Rajoy a la presidencia de su partido obligan también al otro partido emergente -Ciudadanos- a actualizar su estrategia para los próximos meses. Ciudadanos estaba goleando a puerta vacía. Sus expectativas electorales mejoraban día a día e iba camino de convertirse en una alternativa cierta de gobierno. Las matemáticas parlamentarias le situaban como el partido que se sumaba de las iniciativas positivas del Gobierno, permitiéndole al mismo tiempo un desgaste y dejarlo en evidencia ante los ciudadanos. Más que la moción de censura, a Ciudadanos lo ha descolocado la renuncia de Rajoy a la presidencia del PP.

Si Rajoy hubiera dimitido para abortar la moción de censura, nombrando en ese escenario a un sustituto de su partido, el proceso de deterioro al que estaban sometidos los populares habría continuado y Ciudadanos seguiría con el camino despejado hacia la Moncloa.

La censura y posterior renuncia a la presidencia del partido permite a los populares refrescar la imagen de su cúpula y pertrecharse con sus 137 diputados y su mayoría absoluta en el Senado para liderar la oposición al gobierno. A priori, el protagonismo que gana el PP como principal partido de la oposición lo pierde Ciudadanos, que ahora tendrá que buscar un espacio que los últimos acontecimientos le han estrechado notablemente.