Una cosa y la contraria

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El Congreso aprobó el pasado miércoles los Presupuestos del Estado para el 2019 con el apoyo a última hora del PNV. Los nacionalistas vascos justificaron el apoyo en la “responsabilidad” y en los “intereses de la ciudadanía de Euskadi”. El pragmatismo con el que el PNV suele tomar sus decisiones ha hecho que se olvidaran del compromiso público contraído, en la idea varias veces expresadas de que si no se levantaba la intervención del Gobierno de Rajoy en Cataluña, a través del artículo 155, no habrían presupuestos.

El mismo día que el PNV ponía en manos de Rajoy el control del tiempo de lo que resta de legislatura, en el Parlamento vasco se impulsaba un acuerdo con EH Bildu que puede tener un largo recorrido político. Las dos formaciones nacionalistas sentaron las bases para un eventual nuevo Estatuto, con un marcado acento soberanista, punto de partida que fue rechazado con contundencia por el resto de las fuerzas políticas, que denuncian que sobrepasa el actual marco jurídico y es contrario a la legalidad vigente. El texto consensuado reconoce a Euskadi como nación y el derecho a decidir al pueblo vasco, abre la puerta a la celebración de un Referéndum y establece un nuevo modelo de relación con España, “bilateral, de igual a igual, de respeto y reconocimiento mutuo”, y de “naturaleza confederal”.

Desde el punto de vista de los intereses partidarios que representan el PNV y el PP, el acuerdo alcanzado es magnífico: los nacionalistas vascos lo rentabilizan ante los suyos al llevarse una “gran tajada” de los presupuestos de todos y el PP se garantiza la continuidad de su gobierno hasta agotar la legislatura, siempre y cuando así lo quiera Rajoy.

Si el acuerdo presupuestario entre el PNV y el PP se analiza estrictamente desde la perspectiva política, entonces caben otro tipo de reflexiones. Para empezar, y teniendo en cuenta lo que está sucediendo en Cataluña, mucha gente se pregunta si no era ya el momento de que en el marco del Estado se produzcan acuerdos entre las que hasta hoy han sido las dos grandes formaciones políticas -PP y PSOE- en asuntos de gran trascendencia para todos. Desde luego, los presupuestos de un país, que deben garantizar un desarrollo armónico y solidario de los territorios y personas que forman parte del mismo, es un factor central y decisivo.

El papel que está jugando el PNV es coherente con su ideario y con su estrategia política: rentabilizar su peso político en el Estado para conseguir los mejores réditos para los vascos y, al propio tiempo, seguir avanzando hacia una menor dependencia de España. Nada que reprocharles. Son transparentes. Quieren lo mismo que los independentistas catalanes, pero por otras vías.

Otra cosa distinta es la responsabilidad que recae sobre el PP como partido de Estado que ostenta responsabilidades de gobierno. Seguro que no ha sido nada fácil para Rajoy -con el desgaste que le está suponiendo el tema catalán- ponerse en manos de los nacionalistas vascos para aprobar unos presupuestos que, por otra parte, son necesarios para afianzar los pasos que se están dando para recuperar el bienestar perdido a causa de la crisis. En España no hay cultura de grandes acuerdos entre los grandes partidos tradicionales. La pregunta es qué más tiene que suceder para que el gobierno y la oposición promueva acercamientos que permitan el desarrollo de un Estado solidario y armónico, que permita un mayor equilibrio entre los territorios y las personas que  los habitan.

La dependencia en la aprobación de los presupuestos del PNV alarga la ya significativa diferencia de calidad de vida y oportunidades entre Euskadi y la mayor parte del resto del Estado. De las urgencias y necesidades del PP, de la falta de visión estratégica de Pedro Sanchez y del oportunismo del PNV, se aprovecha Ciudadanos. Los de Rivera le van poniendo sin ningún tipo de rubor una vela a Dios y otra al diablo. De la misma manera que denuncian que a Euskadi le ha tocado el cuponazo con la aprobación de los Presupuestos del Estado, con su voto a los mismos son cómplices del incremento de las diferencias entre territorios que se contemplan en los mismos. Igual les da decir que apuestan firmemente por la igualdad de todos los españoles que apoyar con su voto la consagración de más desigualdades. No se inmutan cuando afirman que nunca facilitarán gobiernos nacionalistas, pero tampoco cuando comparten acuerdos con los mismos contrarios a su ideario político. Hacen o dicen una cosa y la contraria, pero siguen creciendo porque la torpeza de PP y PSOE se los permite.

Sin ninguna duda, Ciudadanos está aprovechando muy bien que no ostentar responsabilidades de gobierno les permite tener un doble discurso, amoldando sus mensajes a la oportunidad del momento y a la tradicional falta de entendimiento en los grandes asuntos de Estado entre populares y socialistas. La tendencia a la que apuntan todas las encuestas confirman los aciertos y los desaciertos estratégicos de los unos y de los otros. Los errores de PP y PSOE allanan el camino al doble discurso de Ciudadanos.