Faltó y sigue faltando determinación

Ningún país del mundo ha sido capaz de impermeabilizar sus fronteras para evitar verse afectado por la pandemia del coronavirus. Las fortalezas tecnológicas o presupuestarias que acumulan potencias mundiales como Estados Unidos, China, Japón, Alemania, Reino Unido, Rusia, Francia o Italia,no han podido blindarse del virus que ha puesto al mundo patas arriba. Ahora bien, la evolución del número de contagiados y fallecidos refleja con nitidez en qué países la determinación de sus autoridades ha ayudado a mitigar los letales efectos del virus -Alemania, Grecia o Portugal, son solo algunos ejemplos-.

En España faltó determinación para adelantar las drásticas medidas tomadas finalmente por el Gobierno el día 14 de marzo. Una semana antes ya se reconocía oficialmente que nuestro país ya sumaba 383 contagiados y ocho fallecidos, se habían cerrado los centros de ocio para mayores en Madrid y -por poner solo algunos ejemplos- más de cien sanitarios fueron aislados en Cataluña por posible contagio. Faltó determinación. Faltó decisión para suspender el congreso de Vox y la manifestación del 8 de mayo en Madrid, así como todos los grandes eventos de masas que se celebraron ese fin de semana. Faltó la iniciativa que habría sido deseable para actuar a la vista de que el virus ya castigaba duramente a Europa a través de Italia.

Ahora, cuando la pandemia parece darnos un respiro, afloran con toda intensidad las consecuencias económicas y sociales de un país que lleva más de dos meses paralizado.

Estamos en la transición que nos lleva del miedo al virus al pánico por la catastrófica situación que nos deja: hambre, paro, pobreza, colas en los comedores sociales y miles de proyectos personales y familiares rotos en mil pedazos. La situación obliga a que -sin descuidar las medidas de protección del virus- la maquinaria económica recupere la actividad y resurjan las oportunidades de trabajo.

La COVID-19 paralizó el mundo. Los países europeos cerraron sus fronteras. Los aviones dejaron de volar y las zonas turísticas se han convertido en desiertos.

Francia, Italia, España, Grecia o Portugal, países en los que el sector turístico tiene un gran peso en sus respectivos PIB, sufrirán con más intensidad el cierre de fronteras. El proceso para recuperar la confianza y volver a volar para hacer turismo necesitará tiempo. En este contexto, Canarias sufre especialmente las demoledoras consecuencias de la parálisis total del sector económico que más aporta a su producto interior bruto y al empleo. De prolongarse en el tiempo esta inédita situación de cero turístico las consecuencias en la paz social de las Islas son absolutamente imprevisibles.

Los gobiernos de España y de Canarias pueden optar por esperar a que la dinámica internacional nos devuelva el protagonismo en el sector o liderar con determinación el impulso de medidas que ayuden, poco a poco, a acelerar la apertura de los negocios vinculados al turismo. El Gobierno de Francia ha impulsado un plan de apoyo al sector turístico de 18.000 millones de euros. Préstamos garantizados, ayudas directas, exoneraciones fiscales y relanzamiento del turismo nacional están entre sus compromisos y objetivos.

El Gobierno de Italia ha puesto en marcha, para este año, un plan que incluye 50 millones de euros para la renovación y mejora de alojamientos turísticos, 30 millones para la promoción interior del turismo italiano y, entre otras, una interesante iniciativa -vacaciones a Italia- a la que destinan 2.400 millones para familias con rentas inferiores a 40.000 euros -a través del llamado “bono de vacaciones”, con los que cada familia pude llegar a obtener 500 euros-.

En nuestro Archipiélago a partir del 21 de junio está previsto que se recupere la movilidad entre las Islas y de éstas con el resto de España. Hasta ahora no hay ninguna iniciativa del Gobierno de España que ayude a recuperar el turismo y las actividades vinculadas al mismo. Al Gobierno de Sanchez le faltó determinación -y llegó tarde- a la hora de tomar medidas que frenaran los efectos del virus. Ahora, por falta de determinación, puede llegar tarde a la hora de impulsar medidas que ayuden reactivar la economía canaria. El drama social acecha.

Francia, Italia, Portugal y Grecia han puesto en marcha iniciativas que ayudan a dinamizar un sector clave para sus respectivas economías, como también lo es para España y sin duda para Canarias. Inversiones para renovar y mejorar la planta alojativa, mejora de los espacios públicos, incentivos para el fomento del turismo interior canario, ayudas para facilitar el turismo peninsular o reducción de tasas para atraer turismo internacional deberían de estar, sin demora, además, sobre la mesa de trabajo o en la agenda Canarias