Canarias no puede esperar


Canarias se enfrenta al `no´ rotundo de AENA para ceder espacios para los test a los turistas. Con este titular se hizo eco la prensa de la respuesta dada por la Ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, al presidente de Canarias, Ángel Victor Torres. Y no pasó nada. Ninguna reacción de las instituciones canarias ni de los partidos políticos a semejante cacicada y desprecio de los representantes del Estado con la salud, la economía y el bienestar de la gente de esta tierra.

El celo que muestra el Gobierno de España con Madrid —por ejemplo— decretando en cierre perimetral de la ciudad para evitar que la cadena de contagios no se expanda por otras Comunidades Autónomas no se tiene con Canarias. La Comunidad de Madrid protesta porque las restricciones a la movilidad ordenadas por el Ejecutivo central laminan su economía y afectan al empleo y al bienestar de los madrileños. Canarias protesta porque no se atiende su exigencia de llevar a cabo una movilidad controlada sanitariamente para poder salvar su economía, sus empleos y su bienestar. 

Más que los recursos que puedan venir para trenes, carreteras, depuradoras o viviendas, molesta muchísimo la incomprensión, la soberbia, el desdén o quién sabe si el desconocimiento con el que las autoridades peninsulares tratan los asuntos de nuestras Islas.

Canarias se enfrenta a una crisis económica de dimensiones colosales como consecuencia de la parálisis del sector turístico, tocado y casi hundido por la pandemia. Con muy buen criterio, el Gobierno de Canarias exige llevar a cabo test en la llegada y salida del Archipiélago para generar confianza y seguridad a los que nos visitan y a los que aquí vivimos. Además, los test los pagamos nosotros. 

La economía canaria es la más castigada del Estado español por los demoledores efectos que está teniendo la pandemia en el transporte aéreo y el turismo. Las zonas turísticas son ciudades fantasmas, sin actividad, sin vida. La prolongación en el tiempo de esta parálisis de la actividad amenaza seriamente la supervivencia de centenares de empresas y de decenas de miles de puesto de trabajo, amén del deterioro creciente de la infraestructuras hoteleras y extrahoteleras ocasionados por los cierres forzosos y la falta de mantenimiento.

Es verdad que el primer gran compromiso individual y colectivo es el que debemos contraer los que vivimos en las Islas para que los datos de contagios estén siempre por debajo de los 50 por cada 100.000 habitantes, que fijan países emisores como Alemania para que sus nacionales puedan viajar. Éste debe ser nuestro primer gran compromiso: máximo nivel de auexigencia para mostrarnos a los países emisores como un territorio sanitariamente capaz de controlar al virus. Ésa debe ser nuestra gran fortaleza, unida, por supuesto, a los reconocidos valores que tiene Canarias de clima, paisaje y seguridad. En esa dirección, el Gobierno de Canarias, los cabildos  y el sector privado no deberían escamotear ningún tipo de esfuerzos a la hora de llevar a cabo test masivos en la población que avalen que Canarias es un lugar seguro para hacer turismo. Paralelamente, los canarios tenemos derecho a exigir que quienes nos visiten -extranjeros o peninsulares- hayan superado satisfactoriamente dispositivos de control para evitar la propagación del virus. Nos va en ello la salud, la economía, el trabajo y el bienestar.

Es inaudito leer titulares como ese no rotundo de AENA a la cesión de espacios, para que en los aeropuertos canarios se lleven a cabo los test a los turistas. Los aeropuertos de las Islas nada tienen que ver con los peninsulares. Ante posiciones tan soberbias como la de AENA y la inacción del Gobierno de España sólo cabe una respuesta: montar dispositivos en nuestros aeropuertos para llevar a cabo el control sanitario de los pasajeros y exigir el traspaso de la gestión de los mismos. Canarias ni puede ni debe esperar más. 

Los canarios no estamos reclamando recursos para llevarlo a cabo, pedimos seguridad sanitaria para salvar empresas, puestos de trabajo y así evitar la quiebra social que se vislumbra en un horizonte cada día más próximo.