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Portadas de la prensa canaria

El pueblo canario ha hablado, y lo ha hecho alto y claro. Miles de canarios se echaron ayer a la calle para reiterar su ‘no’ rotundo a las prospecciones petrolíferas de Repsol frente a las costas de nuestras Islas. Miles de gargantas a las que el Estado pretende dejar sin voz han vuelto a mostrar, de forma pacífica y responsable, su rechazo a una amenaza que pone en serio peligro nuestro presente y futuro, nuestro bienestar. Quienes pretenden poner a los canarios un esparadrapo en la boca se equivocan, ése no es el camino.

La totalidad de las formaciones políticas –a excepción del PP, que definitivamente tira la toalla en la defensa de nuestras Islas-, agentes sociales, grupos ecologistas, colectivos ciudadanos, científicos y culturales, familias enteras, adultos y niños, han apoyado una impresionante marea humana, recordando así a quienes pretenden poner en riesgo la economía, los valores naturales y la subsistencia de nuestra tierra que los canarios no toleramos –y no vamos a permitir- que se abuse de este pueblo. Los canarios no permitimos imposiciones caprichosas, o que se nos falte al respeto. Tampoco que, en lo que constituiría una burla inadmisible, se castigue a Canarias y se premie a Baleares; esto último marcaría, sin duda, un antes y un después en la historia de las relaciones Canarias-Estado.

Quienes hemos nacido aquí, aquellos que conviven con nosotros y sienten esta tierra, y también quienes nos han mostrado su solidaridad en el resto del Estado y en todo el planeta, hemos vuelto a demostrar que la inmensa mayoría de la sociedad de las Islas está con sus instituciones –Parlamento, Gobierno autónomo, seis de los siete cabildos, la totalidad de los ayuntamientos de Lanzarote y Fuerteventura, y la mayoría de los del resto del Archipiélago– a la hora de defender el interés general frente al interés particular de una multinacional.

Canarias está contra el petróleo porque el petróleo es el pasado.

Canarias está contra el petróleo porque nuestro petróleo es el turismo.

Canarias está contra el petróleo porque nuestro petróleo es el paisaje, nuestro medio ambiente y nuestra rica biodiversidad.

Canarias está contra el petróleo porque nuestra vida depende directamente del mar, de su limpieza y la calidad de sus aguas.

Los canarios no vamos a permitir que se nos silencie.

Canarias está contra el petróleo, y cada vez más canarios se preguntan qué intereses mueven al PP para anteponer el resultado de cuentas de una multinacional al bienestar e integridad de nuestra tierra.

Canarias está contra el petróleo porque el PP mide con distinto rasero el mismo problema, según el color político de quien gobierne en los territorios afectados, porque el PP sostiene que lo que es malo para Baleares o Valencia es bueno para Canarias.

Canarias está contra el petróleo porque, sencillamente, nos merecemos y nos hemos ganado un futuro próspero, inteligente, integrador y sostenible.

Los argumentos llevan tiempo sobre la mesa, a pesar de que el Gobierno del PP siga haciendo oídos sordos a los informes independientes, al rigor, a la evidencia. El PP le da la espalda al sentido común, a la verdad, al compromiso con la ciudadanía, a su responsabilidad y al clamor de todo un pueblo.

El turismo genera en Canarias más de 350.000 puestos de trabajo, supone alrededor del 30% del PIB y el 34% del empleo, y aporta al PIB español 12.000 millones de euros. El Estado ha sido incapaz de cuantificar el número de puestos de trabajo que creará Repsol en las Islas –una cifra ridícula e insignificante, en el mejor de los casos-.

¿Cómo se puede hablar sin sonrojarse de “los enormes beneficios del petróleo para Canarias”? ¿Cómo se puede poner en riesgo una actividad tan importante por otra que todo el mundo admite que apenas repercutirá en la economía del Archipiélago? ¿Cómo se puede ser tan irresponsable?

Los canarios disponemos de valiosos recursos naturales, recursos que nos proporcionan bienestar, nos sitúan de cara al mundo como un territorio respetuoso con la naturaleza, que crean riqueza y generan empleo. Lo de dicho ya alguna vez:

El mar que nos separa -y nos une- tiene una potencialidad enorme, un mar de oportunidades que, junto a las actividades tradicionales, constituirán –constituyen ya- la mejor garantía para avanzar en un desarrollo sostenible y respetuoso con el medio ambiente. Las prácticas empresariales y de investigación en torno al sector marino-marítimo se constituyen, desde esa óptica, como una garantía no sólo desde el punto de vista de la conservación del medio ambiente sino de la dinamización económica del Archipiélago a través de la ciencia, la investigación y la innovación”.

¿Quién resarcirá a los canarios en caso de un vertido? ¿Quién asume la responsabilidad en caso de grave deterioro de nuestra principal materia prima: nuestra riqueza natural?

El cien por cien del agua de abasto que se consume en Lanzarote y Fuerteventura proviene de la desalación. Un derrame en nuestras costas tendría, por tanto, un efecto dramático, tal y como reconoce la propia Repsol en la documentación que acaba de ser validada por Medio Ambiente, y en la que admite que “un derrame llegaría las costas de Fuerteventura antes de 48 horas“, señalando la existencia de un “riesgo social alto” por la afección a las desaladoras y que los daños ambientales serían “desastrosos”.

Una avería importante de la planta desaladora por entrada de crudo tardaría casi un mes en repararse”.

Estas palabras tampoco son mías, sino del catedrático de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Roque Calero. ¿Quién puede prestarse a jugar con cosas tan delicadas?

Y, por si todo esto fuera poco, el Gobierno del PP continúa despreciando la petición del Ejecutivo que presido de una consulta, avalada por el Parlamento de Canarias, para que los canarios digan si están de acuerdo o no con las prospecciones.

Las manifestaciones del sábado son, por tanto, la respuesta lógica a un desatino que debe cesar de inmediato. El Gobierno del Estado debe tomar nota y paralizar hoy mejor que mañana un proyecto que atenta gravemente contra la supervivencia de nuestro territorio, el más frágil, además, por su lejanía del continente y su alta dependencia del mar que lo rodea.

Ese proyecto y la actitud soberbia, desleal y caciquil que ha mostrado el PP en todo este proceso tiene más que ver con las actitudes del pasado que con la relación de lealtad y responsabilidad que debe mantener el Gobierno central con los ciudadanos e instituciones de uno de los territorios que forman parte del Estado.

Canarias ha hablado alto y claro. Canarias no está dispuesta a dejarse avasallar. Nadie pondrá a los canarios un esparadrapo en la boca.