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Democracia

En el discurso del pasado viernes, con motivo del acto institucional del Día de Canarias, señalé la necesidad de reivindicar:

“Aquí y ahora, más política, más democracia, más participación. De la crisis no se sale con menos política, es al revés; es imprescindible fortalecer la política, y para conseguirlo es necesario llenarla de participación, transparencia, rigor, honestidad y compromiso. La ciudadanía nos está pidiendo nuevas actitudes, nuevas fórmulas. Se equivocan quienes no quieran o sepan escuchar. Tomemos nota”.

La sociedad, los hombres y mujeres del siglo XXI reclaman una nueva forma de entender, valorar y practicar la política; demandan una participación activa, cercanía, contacto directo con aquellos que los representan. Dar la espalda a esa realidad es un grave error que alimenta el descrédito de las instituciones, de la acción política de partidos y administraciones, constituyendo un enorme riesgo para la cohesión de la sociedad. No comparto la tentación de calificar –o descalificar- determinadas propuestas y proyectos como movimientos antisistema. El sistema somos todos, sin excepción y sin más límites que los que marcan las leyes.

Todos debemos escuchar y tomar nota, y también todos debemos apostar firmemente por los cauces que faciliten la cercanía y la participación, y en esa dirección la tecnología permite hoy que muchas de esas aspiraciones y demandas ciudadanas se vean atendidas.

Internet, y en especial las redes sociales y los diversos instrumentos que surgen cada día en el entorno de la Web 2.0, propician uno de los marcos idóneos para el establecimiento de nuevos canales, nuevos mensajes y actitudes, nuevas formas de hacer las cosas.

En este sentido, desde hace ya más de cuatro años he venido articulando diversos canales de comunicación y participación en lo que también se ha venido a denominar ‘social media’, medios sociales en los que la ciudadanía no es ya receptora pasiva, sino protagonista.

Tanto desde el ámbito institucional, como desde el personal y político, mantengo abiertos canales en los que a diario expreso mis ideas, actividades e inquietudes y tengo la posibilidad de escuchar, de forma directa, la voz de aquellos a los que me debo.

Desde el Gobierno de Canarias también venimos trabajando en esta dirección, con la puesta en marcha de un Anteproyecto de Ley de Transparencia y de Acción Pública (PDF), que ha contado con la participación de a los agentes sociales y de la ciudadanía canaria, además del Plan de Acción 2.0 y las múltiples cuentas en redes sociales que hemos creado para estar más cerca de nuestra gente, entre otras actuaciones.

Esto que digo no es nuevo ni responde a un planteamiento coyuntural a favor de la corriente y de las voces que estos días se multiplican en la reivindicación de otra forma de hacer y estar en política. Lo he repetido –y lo vengo practicando- desde hace tiempo. El pasado 16 de marzo, en este mismo blog, señalaba:

La sociedad pide una democracia más participativa, una dinámica que sin duda puede ayudar a rescatar a la política de la burbuja de cristal en la que, a ojos de los ciudadanos, se encuentra en la actualidad. Un mayor protagonismo de la ciudadanía en la gestión y decisión de los asuntos públicos –una mayor participación- es básico para que la sociedad entera –especialmente las jóvenes generaciones- puedan reencontrarse con la política

Desde esa perspectiva, una mayor implicación de la ciudadanía no solo resulta aconsejable, sino imprescindible para avanzar hacia un mejor modelo de organización política.

De la crisis de la política se sale con más política, con más participación. Una mayor participación fortalece la democracia y mejora la política. Los ciudadanos deben tener un mayor espacio en las decisiones colectivas, y eso se consigue favoreciendo su participación”.

Lo decía en aquel momento vinculándolo a la petición del Gobierno, del Parlamento de Canarias, de las instituciones insulares y locales, y de la inmensa mayoría de la sociedad, de la consulta popular sobre las prospecciones petrolíferas que planea Repsol frente a nuestras costas; una petición que, a día de hoy, no ha recibido respuesta -se equivoca el Estado si entiende que es momento de obviar la voz de la gente, de hacer oídos sordos a las exigencias de la ciudadanía-.

Una petición que encaja en un modelo de participación activa de los ciudadanos en la política y en los asuntos que más les afectan, que forma parte la cultura ciudadana de este siglo. La respuesta a estos retos dará la medida del grado de implicación y de talante democrático de aquellos que tenemos responsabilidades públicas. La dinámica a la que me refiero, y que defiendo, es ya imparable, y quienes vuelvan la vista hacia otro lado no lograrán que se detenga.

Es por tanto una convicción firme, que mantengo y mantendré en la defensa de una democracia más madura, más cercana, más participativa y más directa. Más democracia, en definitiva. Una democracia centrada en las personas y en la cohesión social y territorial a través de la defensa a ultranza de la participación y los servicios públicos. Una democracia que nos permita afrontar, juntos y con la máxima transparencia posible, los grandes retos que tenemos en el presente y los muchos que se nos presentan de cara al futuro.