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El pasado martes echó a andar la legislatura con la constitución de las Cortes Generales. Con la necesaria solemnidad en la sesión constitutiva de ambas Cámaras tomaron posesión, bajo juramento o promesa, los nuevos diputados y senadores, concretándose además la elección de los presidentes del Congreso de los Diputados y del Senado, así como el nombramiento de las Mesas en ambos casos -pieza en absoluto menor de cara a la dirección de la política parlamentaria en el día a día-.

Poca sorpresa podía esperarse en el Senado. No había margen para lo imprevisible, dada la amplia mayoría absoluta con la que cuenta el PP en esa Cámara. Ahora bien, no debe perderse de vista, por el significado político que sin duda tiene, la cesión por parte del PP de uno de sus puestos en la Mesa al Partido Nacionalista Vasco. Hay que tomar nota. Puede tratarse de una pista que termine explicando lo que esté por ocurrir en los próximos días y semanas.No acaban ahí los síntomas, esas pistas a las que aludo. Miremos a Congreso, donde dada su composición cada vez más plural y la dificultad para sumar mayorías el abanico estaba -y sigue estando- más abierto.

Ha quedado de manifiesto la hipocresía con la que se manejan los argumentos, la incoherencia y la desmemoria de algunos para fijar posiciones en función de si los potenciales acuerdo les benefician o no

Sobre lo ocurrido, una primera consideración y es que ha quedado de manifiesto la hipocresía con la que se manejan los argumentos, la incoherencia y la desmemoria de algunos para fijar posiciones en función de si los potenciales acuerdo les benefician o no. Debemos tener memoria y recordar episodios recientes. En la constitución de fracasada legislatura anterior (fracasada y fugaz) con una representación de las fuerzas políticas similar a la actual todos valoraban el salto de calidad que daba nuestra democracia con la elección de un presidente del Congreso procedente de una formación diferente a la ganadora de las elecciones. En esa dirección, el PP ni siquiera presentó candidatura esperando el apoyo para la investidura de Rajoy por parte del PSOE. Ahora, con la misma necesidad de entonces, no ha habido ni gesto ni negociación. Muy seguros deben sentirse los populares de conseguir la abstención del PSOE para la investidura de Rajoy sin ningún tipo de concesión a los de Sánchez. Ahí tenemos una segunda pista que ayude a descifrar lo que está pasando y lo que puede ocurrir.

Por otra parte, Mariano Rajoy ha apostado por una persona de su máxima confianza política y personal para dirigir un Congreso complejo, un escenario donde la temperatura política alcanzará alto voltaje. Ana Pastor no ha sido una buena ministra para Canarias pero es una persona trabajadora, discreta, conciliadora y con una gran experiencia. Tanto en el ámbito ejecutivo como en el legislativo su trayectoria y talante son aval suficiente. A mi juicio, reúne todas las condiciones para ser una buena presidenta. Cometió errores con Canarias pero su apuesta por el diálogo y el respeto institucional son merecedores del reconocimiento público sin detenernos en siglas ni ideologías.

La legislatura que ha empezado a rodar, previsiblemente corta, viene cargada de obstáculos.

La difícil articulación de mayorías parlamentarias; las tensiones, que llegarán, entre separatistas y el tándem PP-Ciudadanos; la batalla por ser el referente de la izquierda entre PSOE y Podemos o, entre otros asuntos delicados, las mayorías parlamentarias potenciales para impulsar comisiones de investigación sobre asuntos que afectan al PP anuncian episodios virulentos que exigen una presidencia de la Cámara Baja muy institucional, muy moderada, con mucha cintura. Cabe esperar, dado el perfil de Ana Pastor y la necesidad de un buen arbitro en la Cámara Baja, que no pese más sobre ella su lealtad y amistad con el que puede se presidente del Gobierno.

Por lo demás, en la composición de la Mesa del Congreso el PP se ha apuntado un buen tanto, asegurándose la mayoría en un órgano tan importante a cambio de dos buenos sillones -parece que empiezan a sentirse cómodos en ellos- para Ciudadanos. Y en este último capítulo, el de los sillones, tenemos otra pista que nos anuncia que la formación que lidera Albert Rivera pueda acabar disolviéndose bajo la sombra -la larga sombra- del PP.

Ya hay Congreso, pero no hay Gobierno. Sin embargo, hay elementos suficientes para empezar a vislumbrar algunos elementos de la foto política. Con Ciudadanos entrando en la casa común de la derecha y los nacionalistas catalanes y vascos recuperando el diálogo con el PP queda en el aire la sensación de que han pasado muchas cosas pero puede que no hayan cambiado tanto.