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Peace for Paris

El terror que sacude a Francia y a toda Europa –y al mundo– tras los despiadados y múltiples ataques llevados a cabo por un grupo yihadista remueve los cimientos de la seguridad de la ciudadanía y de los estados.
 
El desconcierto, la desesperación, la incredulidad, el pánico y el horror que proyectaban las imágenes de televisión nos han hecho recordar las vividas el 11 de marzo de 2004 con el atentado a los trenes en Madrid, en el que murieron 192 personas, dejando además centenares de heridos.

La amenaza creciente del terrorismo internacional es una realidad; triste, sin duda, pero una realidad. La vulnerabilidad mostrada ante esta deriva terrorista exige de todos los países un esfuerzo de trabajo conjunto, de coordinación, que impulse medidas que ayuden a restituir la confianza de la ciudadanía.
 
En 2004 España, con experiencia en la lucha antiterrorista, no estaba sin embargo suficientemente preparada para hacer frente al terrorismo islámico. En el 2015, ¿está Europa preparada para combatirlo eficazmente? La respuesta hay que encontrarla trabajando, codo con codo, entre todos los pueblos que defendemos la libertad, el respeto a los derechos humanos y, por lo tanto, el bienestar y la justicia.
 
La Comisión de Investigación Parlamentaria del 11-M concluyó que España no estaba preparada para hacerle frente al terrorismo internacional. La atención la acaparaba el terrorismo interior, especialmente el etarra.

La invasión de Irak, en marzo de 2003, abrió las puertas a nuevas amenazas terroristas en el mundo. La intervención militar, precedida de una fuerte división de la comunidad internacional, fue  probablemente el detonante de una nueva situación mundial que genera inestabilidad. La amenaza cae sobre todos, sin distinción. El terrorismo no conoce fronteras.

El nuevo escenario exigía poner en marcha medidas para reforzar la seguridad y, en mi opinión, la Comisión del 11-M, por unanimidad, aprobó una serie de recomendaciones que han ayudado a ello.
 
Entre las 150 recomendaciones aprobadas están la firma de un gran pacto contra el terrorismo internacional; aumento de medios judiciales y policiales; reformas legales; reforzar la colaboración entre las fuerzas de seguridad; control del almacenamiento y venta de explosivos o incremento de traductores de árabe en los cuerpos de seguridad.
 
El atentado de París y el pánico que se ha extendido a media Europa aconsejan el impulso de medidas coordinadas que mejoren nuestra seguridad. El 11-M marco, en alguna medida, un camino para combatir la barbarie.

Imagen: ‘Peace for Paris‘, de Jean Jullien