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Economía mundial

Vengo defendiendo hace meses –en este mismo blog, y en distintas apariciones públicas– que la salida a la crisis no pasa exclusivamente por la reducción del gasto público o por las políticas de austeridad como receta única; que el sentido común, la sensatez y, sobre todo, la experiencia y el análisis de los más destacados analistas apuntan que solo con los recortes no mejorarán las cosas. Hacen falta medidas de carácter incentivador y de promoción del empleo que permitan crecimiento económico y generación de trabajo.

Apunté hace meses, y reitero, que era erróneo y tremendamente injusto que las directrices económicas europeas apostaran únicamente por los ajustes, silenciando que la creación de empleo es la cuestión central.

Es necesario contener el gasto e ir a más con medidas de ahorro, y en ese camino Canarias ha ido y va por delante de las demás comunidades. Ahora bien, lo primero es crear las condiciones para generar puestos de trabajo.

En esa dirección, con las tasas aéreas y los planes de rehabilitación –entre otras medidas– Canarias fue la comunidad donde menos empleo se destruyó en 2011. Lamentablemente, la reforma laboral y las decisiones adoptadas por el Gobierno del PP –contrarias a los intereses de los canarios– han acabado con esa buena tendencia y están provocando que miles de canarios pierdan sus trabajos.

La contención del gasto y las medidas de ahorro son necesarias, y Canarias cumple. Pero es imprescindible impulsar el crecimiento para generar empleo. En ese objetivo, la inversión publica juega un papel fundamental.

Canarias es la comunidad donde más ha recortado la inversión el Gobierno del PP, dificultando más que en ninguna otra el crecimiento y la creación de empleo.

A la vista está, el Gobierno del PP invierte menos donde debe invertir más.

El PP está equivocando la receta. Hay otras. Las reformas se pueden hacer de otra manera. Otros presupuestos son posibles. Otra reforma es posible. El camino no es aspirar a que España sea el alumno más aventajado de una fórmula, la de Merkel, que cada mes que pasa se revela más equivocada.

Si no se invierte en crecimiento, los ajustes ‘sin más’ del PP son un atajo hacia la recesión y la destrucción de empleo. Si se insiste en ese error, sus anunciadas soluciones se convierten en parte del problema; bien haría el PP si recapacita y da pasos para reformar sus reformas, para cambiar el cambio que anunciaron en las elecciones generales.

“Lo que está claro es que todavía más austeridad no ayudará nada. Lo único que hace es reforzar la espiral descendente, y acercar más la posibilidad de una catástrofe real”, señalaba a principios de marzo el economista y premio Nobel Paul Krugman a propósito de las medidas emprendidas por el Gobierno del Partido Popular.

Efectivamente, en los últimos años ha habido muchas y muy autorizadas voces que alertaban de las nefastas consecuencias de intentar conducir la recuperación económica por la única vía de los ajustes, obviando la pata del crecimiento. Opiniones que, en todo caso, caían en saco roto ante la obsesión de los principales dirigentes europeos, rendidos a la receta de la contención del gasto público como remedio único de todos los males.

Pero esta semana hemos asistido a una suerte de rebelión contra ese tratamiento de choque, liderada por el candidato francés a la Presidencia, el socialista François Hollande, quien defiende un giro en la política europea porque solo con la disciplina fiscal no se crecerá ni se creará empleo; antes al contrario, aumentará la división entre el norte y el sur de Europa.

Confiemos en que esa nueva visión se vaya abriendo paso en la Unión Europea y permita una reordenación de las medidas que hasta ahora se han puesto en práctica. Pero entretanto, nos toca luchar contra los efectos de una política que, en el caso de Canarias,  ha supuesto un golpe bajo.

Si avanza esa tesis emergente, más incomprensible resultará el tratamiento dispensado al Archipiélago en los Presupuestos Generales del Estado; y más preocupante aún la drástica reducción de las inversiones públicas decretada por el Gobierno del PP. Si concluimos que la Administración pública ha de actuar como motor de la actividad económica, especialmente en situaciones de crisis, mayor es la sinrazón e injusticia de los presupuestos del PP.

No hablo en este caso de un déficit de financiación para el mantenimiento de los servicios públicos esenciales –escalofriante por sí mismo–, sino de un recorte brutal en las inversiones públicas que frena cualquier impulso de recuperación económica.

Veamos. Las inversiones estatales y las transferencias de capital para Canarias recogidas en los Presupuestos Generales de 2012 suponen un descenso del 50 por ciento con respecto al año anterior. En términos absolutos, hemos pasado de una inversión estatal de 747 millones de euros en 2011 a 384 millones este año; es decir, un 51,4 por ciento menos.

Canarias es la tercera comunidad autónoma con menos inversión directa del Estado. Así, la inversión ‘per cápita’ (por habitante) es de 134 euros, frente a una media estatal de 265 euros y a una distancia sideral de los 600 euros per cápita de Galicia y Castilla y León, las dos autonomías más favorecidas por el Gobierno estatal.

Con estos datos en la mano –y sobre todo con los últimos de la EPA– se constata que el camino de la austeridad no es el único adecuado para afrontar esta durísima crisis que padecemos. Las medidas de contención del gasto no se pueden seguir aplicando ‘sine die’; hay que buscar otras fórmulas que permitan, en paralelo, impulsar la economía y generar empleo.

Ese nuevo enfoque que parece instalarse en las altas esferas comunitarias ha de contribuir a la recuperación económica de Europa y de sus regiones más desfavorecidas, precisamente para que las diferencias entre unas y otras no provoquen una ruptura de la cohesión social y la quiebra de la justicia social, uno de los principios esenciales de la Unión Europea.