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El domingo 17 de mayo, los andaluces están convocados a las urnas. Tras los comicios en Extremadura, Aragón y Castilla y León, la nueva cita cerrará, previsiblemente, el ciclo previo a las locales y generales del próximo año. Pero los resultados del 17-M podrían hacer cambiar los planes de Pedro Sánchez con respecto a las segundas, por más que haya repetido hasta la saciedad que serán convocadas cuando toca. Es decir, en junio de 2027.

Con alrededor de 8,5 millones de habitantes, casi el 20% de la población española, Andalucía es el territorio más poblado del Estado. Los resultados electorales que allí se registren serán objeto de un minucioso análisis por todos los dirigentes políticos, sirviendo de guía para marcar estrategias y tomar decisiones.

Sorprende que el PSOE andaluz, que gobernó aquella comunidad durante 36 años de manera ininterrumpida, entre 1983 y 2019, concurra a esta nueva cita con un solo objetivo: Que Moreno Bonilla, previsible ganador, tenga que contar con Vox para gobernar. Más allá de que alcance la mayoría absoluta o tenga que recurrir al partido de Abascal, el cambio sociológico producido en Andalucía merece una reflexión por parte de todas las formaciones. Desde una visión ideológica, hablamos de una comunidad considerada tradicionalmente como territorio socialista.

Después de 36 años de un dominio aplastante del PSOE, pocos podrían pensar que con el tiempo iba a producirse un vuelco tan grande en el electorado andaluz. Sin embargo, lo cierto es que se ha pasado de mayorías incontestables de socialistas y partidos minoritarios de izquierda a un dominio irrefutable de las fuerzas conservadoras y ultraconservadoras.

Pero la cosa no queda ahí. El fenómeno sucedido en Andalucía se ha visto replicado en otros territorios, evidenciándose que el apoyo ciudadano hay que ganárselo día a día. Hasta el punto de que los resultados del 17-M puedan obligar a modificar la hoja de ruta que Pedro Sánchez tiene grabada en su mente para la convocatoria de las elecciones generales.

No obstante, todo parece indicar que, si el PP no obtiene la mayoría absoluta en Andalucía y depende de Vox para la formación de gobierno, Sánchez cumplirá su palabra y convocará las generales después de las locales. Así fue en 2023 y acertó. Tras un mal resultado en las municipales del 28 de mayo de ese año, el líder socialista sorprendió al día siguiente a propios y a extraños con el anuncio de la celebración de elecciones el 23 de julio.

Aquella arriesgada maniobra le salió perfecta. El acercamiento producido entre el PP y Vox para gobernar allí donde sumaban acabó por posicionar a muchos votantes con un cierre de filas que impidiera la llegada de la ultraderecha al Gobierno de España. Por eso cabe pensar que una nueva mayoría absoluta del PP en tierras andaluzas, acompañada de un descalabro de la candidatura socialista que encabeza María Jesús Montero, invitaría a Sánchez a convocar elecciones generales en el último cuatrimestre del año.

Pero hoy el efecto del recurrente mensaje “que viene la ultraderecha” ya casi está amortizado. Los acuerdos entre los populares de Núñez Feijóo y los ultraderechistas de Abascal son asumidos con cierta normalidad.

Además, las consecuencias del castigo que pronostican las encuestas a la coalición de gobierno formada por PSOE y Sumar recaerían sobre las candidaturas presentadas por ambas fuerzas en unas elecciones generales. Pero sería un respiro muy importante para los candidatos en las autonómicas y locales de mayo de 2027.

Por otra parte, un éxito de los populares en Andalucía, acompañado de un sonoro batacazo de la hasta hace unas semanas vicepresidenta Montero, haría temblar los cimientos de la coalición gobernante y de los partidos que la sustentan. Con ello, sería altamente probable el alejamiento paulatino de éstos para no verse arrastrados por un mal resultado del PSOE.

En conclusión, el resultado del 17-M en Andalucía puede ser clave para terminar de saber si Pedro Sánchez convoca las elecciones generales antes o después de las autonómicas y locales de mayo de 2027.