La guerra desatada en Oriente Medio por Estados Unidos e Israel contra Irán amenaza la economía y el bienestar de buena parte del mundo. La disminución de la producción petrolífera y los altos precios que está alcanzando el barril de crudo están haciendo tambalear tanto las macroeconomías como las economías domésticas.

Canarias no es ajena a las consecuencias de lo que sucede a unos 6.300 kilómetros de distancia de las Islas. El encarecimiento generalizado de buena parte de los productos básicos repercute negativamente sobre las rentas familiares y limita nuestra capacidad de consumo.

Además, queda por evaluar los efectos del precio de los combustibles en el turismo, sostén de la economía insular y de decenas de miles de puestos de trabajo. La desestabilización del este de Europa, consecuencia de la invasión de Rusia en Ucrania, y los efectos de la guerra en Oriente Medio empujan una buena parte del turismo hacia las Islas. La distancia del Archipiélago de las zonas más convulsas, junto a nuestras infraestructuras aeroportuarias, planta hotelera y clima, favorecen una altísima ocupación.

La fuerte demanda turística, con el consiguiente aumento de los precios en el sector, propician el momento dulce por el que atraviesa nuestro motor económico. Ahora bien, esta ventaja que inicialmente nos otorga la distancia de las áreas en conflicto para robustecer la demanda puede transformarse en un hándicap, si los precios de los combustibles siguen creciendo sin control.

Un incremento desenfrenado de los precios de los servicios turísticos prestados en el Archipiélago, unido al encarecimiento del precio de los billetes aéreos como consecuencia del alza del precio del petróleo, puede conducirnos a una pérdida de competitividad con respecto a destinos más cercanos.

La duración de la guerra, que Donald Trump aseguró que solo sería de dos o tres días, va camino de los dos meses y la incertidumbre se cierne sobre su punto final. En la medida en la que se alargue, los riesgos de un incremento del precio de los combustibles y el consiguiente encarecimiento de los transportes aéreos crecen cada día que pasa.

Canarias debe de estar preparada para combatir los efectos que pueden causar los conflictos bélicos en nuestra economía dependiente, incluida la destrucción de empleo. El mantenimiento de una alta ocupación turística resulta clave para su sostenimiento, igual que para el mercado laboral.

Los transportes aéreo y marítimo resultan clave para garantizar las comunicaciones entre las Islas y con el exterior. En la crisis de 2008 a 2014, combatimos el encarecimiento del precio de los billetes de avión con el impulso de la bonificación de las tasas aeroportuarias a las compañías aéreas. Por más que resultara complicado, el acuerdo entre Canarias y Madrid contribuyó a mantener una ocupación turística razonable y salvar muchos puestos de trabajo.

Las reticencias iniciales de AENA a la medida planteada desde las Islas lograron superarse con la intervención del entonces presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, que acabó de “convencerse” por la necesidad de los votos de Coalición Canaria para que la economía española no fuera intervenida por Bruselas. De ahí la importancia permanente de esos sufragios de obediencia canaria en las Cortes Generales.