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Canarias ha sido, junto a Cataluña y Euskadi, uno de los territorios con alternativa política al bipartidismo y, dándose una escena a tres y no únicamente a dos, con capacidad de influir en las decisiones que se adoptaban en la escena estatal. Así fue hasta la reciente aparición de nuevos partidos como Podemos o Ciudadanos.

Durante los últimos treinta años la realidad política de las islas ha pivotado sobre tres fuerzas políticas, con especial protagonismo y liderazgo la única de obediencia canaria, sin duda la que ha tenido mayor influencia y determinación en la gobernabililidad de las principales instituciones del Archipiélago. Tanto en Canarias como en las Cortes Generales ha sido Coalición Canaria la que ha abanderado los intereses generales de nuestras Islas

El nacimiento de ATI tiene que ver más con la casualidad que con ninguna planificada estrategia

Coalición Canaria nace el 31 de marzo de 1993, con la moción de censura presentada por Manuel Hermoso, vicepresidente del Gobierno que presidía Jerónimo Saavedra. Cinco partidos de nuestro ámbito territorial se unieron para asumir la gobernabilidad del Archipiélago y para presentarse a las elecciones generales en la siguiente convocatoria. Las Agrupaciones Independientes de Canarias, Iniciativa Canaria Nacionalista, Asamblea Majorera, PNC Partido Nacionalista Canario y Centro Canario Nacionalista sumaron sus fuerzas, anteponiendo el interés de Canarias a las distintas sensibilidades de las que procedían para situar a las Islas por encima de todo, de todos, para defenderlas con criterio y voz propia.

Sin duda alguna el bastión más importante de la emergente y exitosa casa común nacionalista fueron las Agrupaciones Independientes de Canarias (AIC), que habían obtenido en las elecciones celebradas el 21 de mayo de 1981 dieciséis diputados autonómicos, un resultado electoral que le situó en el centro de la escena política.

Claro que para comprender el empuje y la implantación de las AIC es imprescindible recordar que el catalizador de las Agrupaciones Independientes de Canarias fue la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI), capaz de evolucionar y crecer políticamente sin perder el pulso de la calle, recibiendo y entendiendo el mensaje de que era necesario que Tenerife, primero, y Canarias, años después, demandaba una voz que rompiera con el silencio y la sumisión de otras fuerzas que, respetables, no tenían capacidad de hacerse escuchar ante sus respectivas direcciones en Madrid.

Ahora bien, mucho se ha hablado, y no siempre acertadamente, de los orígenes de ATI.Para unos fue el fruto de una estrategia planificada de los poderes fácticos de Tenerife con el fi de influir de forma excluyente y por lo tanto egoísta en la política canaria. Para otros, representaba la respuesta organizada de dicha Isla al poder institucional que acumulaba el PSOE en Canarias, especialmente en los que el Gobierno de España estuvo presidido por Felipe González.

“Un partido político español creado en 1983 por antiguos militantes de la UCD de Tenerife y liderado por Manuel Hermoso. Se trata de un grupo de carácter insularista tinerfeño de centro derecha, si bien varios de sus miembros procedían del franquismo”. Asi se resume en wikipedia el origen.

Las simplificaciones son, a veces, injustas. Yo estuve allí. La Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI), germen y onda expansiva del nacionalismo canario que ha gobernado el Archipiélago durante décadas, con una notoria presencia en la política de Estado, no es el fruto de ningún extraño complot, sino la consecuencia de un cóctel de olfato e intuición política, inteligencia en la lectura del contexto político y, hay que decirlo, también algo de casualidad.

El objetivo de los alcaldes fundadores era evitar tener que ratificar las firmas de los vecinos en notaria

Las elecciones generales celebradas el 28 de octubre de 1982 significó la práctica desaparición de la Unión de Centro Democrático (UCD), partido capital en la Transición que tras un cúmulo de tormentas y caos orgánico quedó reducida a 11 diputados. Una debacle que, como ocurre siempre en política, facilitó el crecimiento de otras formaciones alternativas. Hay datos y situaciones que no se conocen y sin las cuales no se puede leer correctamente el surgimiento del moderno nacionalismo canario. Las candidaturas que es presentaban a la elecciones para los ayuntamientos como Agrupaciones de Electores, tenían que ser ratificadas ante notario acompañandose de un importante número de firmas -según la población del municipio, a mayor población más firmas-.

En ese complejo escenario cuatro alcaldes independientes deciden crear un partido político para evitar el engorroso trámite que suponía la recogida de firmas a los vecinos, facilitando así los pasos a dar. Elias Bacallado, alcalde de El Rosario; Alfonso Fernández, alcalde de La Victoria de Acentejo; Francisco Sánchez, alcalde de La Orotava y Froilán Hernández, de Granadilla de Abona, firman en La Laguna, en la notaria de Juan Antonio Cruz Auñón, los estatutos del partido que años después se convertiría en la fuerza ganadora y determinante que desembocó en el moderno nacionalismo canario.