yo-no-vote-a-ningun-reyNo fue un discurso al uso, o protocolario, el del Jefe del Estado en la apertura solemne de la XII Legislatura. No quiso la Casa Real dejar pasar la ocasión sin dejar algunos mensajes de calado. Lejos de eso, el Rey optó por una intervención con el alto contenido político que requiere la compleja y delicada situación que atraviesan las principales instituciones del Estado, la aún no superada crisis económica y el desencanto que está alimentando populismos de uno y otro signo.

El rey optó por una intervención con alto contenido político

Muy lejos de optar por una intervención hueca, vacía de contenido o evitando implicarse en los problemas del país, el Rey asumió el papel que le corresponde como Jefe del Estado tras casi un año sin Gobierno y con un creciente malestar social. En buena medida, la suerte y el futuro de la monarquía está ligado a la suerte y al bienestar de los ciudadanos, a la recuperación de la confianza en el sistema y sus pilares. Así se entiende y debe interpretar que haya lanzado en su intervención mensajes que están en el día a día de la gente de a pie. Apuntalar el Estado del bienestar para facilitar la cohesión social, la regeneración de la vida democrática mejorando los mecanismos para combatir la corrupción, el respeto a la ley en un Estado incontestablemente plural y diverso y, entre otros asuntos, la potenciación del papel internacional de España -especialmente con Europa y con la comunidad Iberoamericana- fueron abordados por un monarca que quiso e hizo por mirar a la cara a la realidad que le rodea.

La pérdida está produciendo un cataclismo social y político en el mundo

La pérdida de bienestar derivada de la crisis que comenzó hace casi una década, provocando la pérdida de puestos de trabajo y poder adquisitivo, recortes de los derechos laborales, más desigualdades sociales e incertidumbre ante el futuro. Después de tantos años de crisis todo sigue estando en el aire, cuando no patas arriba. Está produciéndose un auténtico cataclismo social y político en todo el mundo. El triunfo de un personaje como Donald Trump en EEUU es la última sacudida al sistema. No será la última. Habrá otras si no se produce un giro de 180 grados en las políticas impulsadas por los principales organismos Internacionales -FMI, Banco Mundial y Banco Central Europeo-, aplicadas al pie de la letra por los gobiernos nacionales. Las políticas de recortes, ajustes y austeridad han empobrecido a una parte importante de la sociedad y han alargado las desigualdades entre los que más y menos tienen.

En el acto que marcó el pistolerazo de la recién estrenada legislatura, Felipe VI pudo comprobar que las cosas están cambiando tanto en las políticas de gestos como en la conformación de mayorías para tomar decisiones. Alrededor de cien diputados no aplaudieron el discurso del monarca. Ochenta ni siquiera se levantaron en el momento de su entrada en el salón de sesiones. Muchos rehusaron el saludo y la presencia en el posterior desfile. Las cosas están cambiando y no siempre a mejor.

Cambia el comportamiento y la posición ante la jefatura del Estado y cambian también los equilibrios de poder parlamentario. Cuando se producían los gestos de desaprobación al Jefe del Estado ya se conocían los dos primeros revolcones que ha recibido Rajoy y el PP en esta recién iniciada andadura. Una mayoría aplastante del Congreso había aprobado iniciar los trámites para suspender la Lomce -Ley Orgánica para la Mejora Educativa- y, por otra parte, la mayoría parlamentaria impedía la elección del exministro del Interior, Jorge Fernández Diaz, como presidente de la Comisión de Exteriores.

Están pasando cosas y la política no siempre está sabiendo escuchar o tomar nota. El hartazgo social que están produciendo las medidas de austeridad están siendo aprovechadas por líderes y grupos antisistema que recogen, canalizan y utilizan el descontento social para alcanzar el poder. La ola se inició en Grecia, pasó por el Reino Unido, llegó a EEUU y amenaza con regresar con más fuerza a Francia, Holanda, Italia y Austria, próximos escenarios electorales. En Alemania, con el respaldo del saliente Obama, Merkel quiere ser un muro de contención al populismo. No será suficiente la intención. Es la hora de las decisiones valientes.

El futuro del sistema pasa por tener una sociedad más igual y más justa

El comisario de Asuntos Económicos de la UE, el francés Pierre Moscovici, defiende que se aparque la austeridad y se dé un giro a la política económica. Añade el Comisario que con Trump se hace más necesario un estímulo al crecimiento económico. “Hay que impulsar la economía, reducir el paro y limitar la desigualdad”, ha señalado. Ciertamente, el único freno que se le puede poner a la sinrazón populista es la recuperación del bienestar perdido y la construcción de un futuro esperanzador para la nuevas generaciones. La recuperación de la credibilidad de las instituciones es básica. Acierta el Rey mostrando preocupación por los problemas reales de la gente. El futuro del sistema, también en España, pasa por tener una sociedad más igual y más justa. El reloj corre a favor de los populismos si las instituciones no se ponen manos a la obra. No hay tiempo que perder. La ola se nos echa encima.