Etiquetas

, , , , , , ,

 

El nuevo Gobierno tiene que negociar, consensuar, pactar.

El nuevo Gobierno tiene que negociar, consensuar, pactar.

Cuando se celebraron las elecciones generales de marzo de 1996 la situación de España era también tremendamente complicada. La crisis de la primera parte de la década de los 90 había castigado de forma muy importante a la economía, con indeseables y gravísimas consecuencias en el mercado laboral. España estaba muy lejos de poder cumplir los criterios de convergecia fijados en Maastricht parar poder acceder a la Unión Monetaria en enero de1991. En aquel entonces los casos de corrupción debilitaban especialmente al PSOE. El terrorismo golpeaba con crueldad.La situación económica, el terrorismo y una política en horas bajas hizo crecer la tensión con Euskadi y Cataluña, que exigían más competencias. Además, el resultado electoral dejó un escenario difícil de gestionar. El PP ganó las elecciones pero muy alejado de la mayoría absoluta, con 156 escaños. La situación económica, social, territorial y política invitaban al diálogo, a la cesión, a la concertación y al acuerdo. Exactamente igual que ahora.

El diálogo, la cesión, la concertación y el acuerdo como único camino

La legislatura que ahora sí empieza a rodar exige mucho diálogo y, por lo tanto, renuncias partidarias para dar con puntos de encuentro. Mariano Rajoy, con sus 137 diputados, necesita sumar apoyos. Los obtenidos en la investidura tendrá que renovarlos cada día pactando, negociando cada uno de los asuntos que tengan recorrido parlamentario. Aún así, va a necesitar de la colaboración del PSOE o intentar sumar al PNV -en principio incompatible con Ciudadanos- y a Nueva Canarias. Dos décadas después el PP se ve obligado a dialogar, pactar y consensuar para poder gobernar.

Parten, Rajoy y los suyos, con la ventaja que supone que el PSOE necesite tiempo para recomponerse y encontrar al líder que le permita ser, otra vez, alternativa de gobierno. A los socialistas no les interesa una situación de ingobernabilidad que pudiera desembocar en la disolución de las Cámaras y tener que volver otra vez a las urnas. Todo parece indicar que no sin dificultades, a trompicones y con mucho ruido político tendremos un Gobierno sin capacidad real para abordar los grandes asuntos estructurales que demanda la actualización del sistema de convivencia que nos dimos con la Constitución del 78. El PSOE no estará en condiciones de firmar grandes acuerdos de Estado mientras no resuelva su convulsa situación interna. El mapa que ofrece la composición del actual Congreso de los Diputados anuncia muchas curvas

La composición del Congreso anuncia muchas curvas

En 1996 el entonces presidente Felipe González convocó elecciones anticipadas forzado por la retirada del apoyo de Convergencia i Unió y la imposibilidad de aprobar los Prepuestos Generales del Estado. A pesar de la crisis que vivía el país y de la sombra de la corrupción sobre los socialistas el resultado electoral fue muy ajustado. Solo un 1,16% de votos separó al PP del PSOE que llevaba catorce años gobernando. El PP, con 156 diputados, se vio obligado a buscar apoyos en los partidos nacionalistas. El escenario no dejaba otras opciones. Aznar tuvo que optar por el único camino que se tiene cuando no se dispone de mayoría: la humildad, la cesión y la concertación. El diálogo abierto para conformar gobierno se prolongó casi dos meses y fructificó en un acuerdo con CC, CiU y el PNV. Los acuerdos con CC y CiU fueron de legislatura y el del PNV solo se mantuvo unos meses.

El acuerdo de Aznar con CiU y CC sumaba 176 diputados y le dio estabilidad a un Gobierno que abordó asuntos de calado como cumplir con los criterios de convergencia fijados en Maastricht, el desarrollo de la financiación autonómica, el traspaso de nuevas competencias, el final del servicio militar obligatorio, el acuerdo sobre las pensiones públicas con CCOO y UGT o, entre otros, la privatización de Telefónica, Repsol, Repsol, Tabacalera, Endesa e Iberia. Todos los proyectos de ley fueron pactados entre las fuerzas que apoyaban al Gobierno y la negociación, el diálogo y la concertación marcaron el rumbo de esa Legislatura de 1996 al 2000. Canarias tuvo un papel relevante y firmó el acuerdo más importante que hemos tenido con el Estado español a lo largo de nuestra historia. Se demostró que era posible gobernar desde el diálogo. Aznar supo hacerlo. Ahora le toca el turno a Rajoy después de cuatro años de mayoría absoluta. Ahora le toca al PP demostrar que sabe sumar apoyos para gobernar. El PP debe dar ese paso hacia el diálogo y la negociación permanente.