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Comunidades autónomas

La prolongada crisis económica, social, política e institucional, y también territorial, que seguimos viviendo, así como la gestión que de las mismas hizo el Gobierno de Rajoy, han propiciado que hoy España sea menos conservadora, más exigente y comprometida socialmente y menos centralista.

Del análisis de los resultados del 20-D se desprende, entre otras cosas, que la mayoría conservadora que arrasó en las elecciones de 2011 ha perdido cientos de miles de apoyos ciudadanos. Si en aquellas elecciones el centro-derecha sumó 192 diputados (186 del PP y 5 de UPyD, más uno del Foro Asturiano), en la convocatoria del pasado diciembre el respaldo de los ciudadanos a esas posiciones se ha reducido significativamente, quedando en los 123 del PP y los 40 de Ciudadanos -en total 163 escaños, con 29 diputados menos-.

Por otra parte, desde la perspectiva social también se ha producido un avance importante de las fuerzas políticas más progresistas, de formaciones más comprometidas con la recuperación de los derechos sociales que fueron sacrificados durante la crisis. Partidos o coaliciones que defienden una sociedad con más justicia social, comprometidos claramente con la defensa de las políticas sostenibles, de la lucha contra el oportunismo y la especulación.

Con las elecciones generales del 20 de diciembre los escaños ocupados por diputados que representan a fuerzas políticas y planteamientos de centro-izquierda superan de forma significativa a los del centro-derecha.

Las últimas elecciones han dejado también un Estado menos centralista, más plural. Los nacionalismos históricos, como el vasco o el catalán, han visto reforzada su presencia en las Cortes generales. El PNV ha sumado un diputado más que en el 2011. Los catalanes, aunque concurriendo por separado, también han consolidado su presencia en las Cortes.

Sin embargo, lo más llamativo ha sido la irrupción, bajo la órbita de Podemos, de nacionalismos como el gallego, el valenciano o el catalán que lidera Ada Colau. El discurso territorial de Podemos y sus distintos socios en los diferentes territorios, defendiendo un Estado plurinacional, el reconocimiento a las singularidades y el derecho a decidir dentro de la unidad puede ayudar a impulsar, de una vez por todas, la reforma que necesita la Constitución.

El centralismo español pierde protagonismo y lo ganan los territorios singulares del Estado. Estamos en un momento crucial en la configuración del nuevo modelo de Estado. Junto a la voz de los nacionalistas gallegos, vascos, navarros, catalanes o valencianos es imprescindible que la de Canarias, el territorio más singular, sea escuchada en el proceso que ya se está fraguando.