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Discurso de Navidad del Rey 20011

El Jefe del Estado ha aludido a sacrificios que, sin duda, serán necesarios; por eso desde Canarias exigimos que las decisiones y medidas se tomen desde la solidaridad, elemento imprescindible para garantizar la cohesión territorial y la justicia social en España.

El del Rey ha sido un análisis que ha mirado de frente -sin rodeos- a la difícil situación que atravesamos.

Sus palabras de anoche merecen algunos comentarios pues, a mi juicio, ha sido un discurso en defensa de valores compartidos.

El Jefe del Estado no ha mirado hacia otro lado. No lo ha hecho al hablar de los problemas de los territorios que conforman España y, en un ejercicio valiente y necesario, tampoco le ha temblado el pulso cuando, al aludir a circunstancias familiares por todos conocidas, ha demandando ejemplaridad en los comportamientos.

Sus palabras, citando sin citar y aludiendo sin aludir a lo que la propia Casa Real ha denominado conductas ‘no ejemplares’, se han escuchado altas y claras. Ejemplaridad que debe defenderse, y practicarse, en todos y cada uno de los ámbitos públicos y también privados.

Por lo demás, creo que tampoco ha mirado hacia otro lado cuando se ha referido a los enormes sacrificios que serán necesarios para que la economía recupere la senda de la generación de empleo; porque, no lo olvidemos, ese debe ser el compromiso y el objetivo que figure en lo alto de todas las agendas.

Eso sí, esos sacrificios deben atender a los valores de justicia y, sobre todo, de solidaridad.

La situación requiere decisiones difíciles que, además, sean útiles y efectivas. Ahora bien, en estos momentos es cuando con mayor fortaleza debemos abanderar la solidaridad que garantice el equilibrio entre los territorios y la cohesión social para que los que menos tienen tengan garantizadas las prestaciones básicas.

Un valor, la solidaridad, que desde Canarias defendemos y reivindicamos como elemento imprescindible en estos momentos de sacrificios y reformas.