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Una afirmación, del candidato socialista a la presidencia del Gobierno del Estado, me anima a hacer algunas consideraciones.

A juicio de Alfredo Pérez Rubalcaba, los ritmos para reducir el déficit merecen una reflexión porque, dijo, además de ahorrar hay que impulsar la economía -si no literalmente, esto fue lo que vino a decir-.

Con esa afirmación como punto de partida, automáticamente se han levantado voces ‘recordándole’ que el único camino para salir de la crisis es el de los ajustes, el ahorro y la consolidación fiscal.

Ese es, sin duda, un camino imprescindible; pero, ¿es el único?

¿Acaso la fórmula para salir de la crisis empieza y acaba con los ajustes, el ahorro o el control del déficit? Sinceramente, no lo creo.

¿Por qué unos y otros se atrincheran en posiciones excluyentes?, ¿por qué se descarta que las políticas de control del déficit sean complementadas con medidas que permitan impulsar la economía?

Siendo evidente que Estados Unidos y la Unión Europea son modelos que no siendo idénticos no siempre admiten idénticas recetas, no es menos cierto que en ambos casos la necesidad de controlar el déficit ha acabado desplazando el asunto verdaderamente central: el empleo.

Tanto en EEUU como en la UE es el déficit el que monopoliza la realidad, cuando debe ser el empleo el que esté en lo más alto de las agendas gubernamentales.

La cuestión no es ‘elegir’ entre control del déficit o impulso a la economía -como así se ha planteado días atrás-. La receta -receta doble, si se quiere- pasa por cumplir efectivamente con la necesidad de controlar el déficit -avanzando en medidas de ajuste y ahorro-, pero sin renunciar a políticas que promuevan la actividad e impulsen la economía y la generación de empleo.

En Canarias, con tanta modestia como convicción y esfuerzo, trabajamos en esa doble dirección. De una parte, somos de las pocas comunidades autónomas que están cumpliendo los objetivos presupuestarios -somos una comunidad solvente, fiable-. De otra, hemos promovido medidas -rebaja de las tasas aéreas o facilidades para emprender la rehabilitación residencial pública o privada- que tienen como objetivo impulsar la economía con la generaciòn de empleo como prioridad absoluta.

Una ‘receta doble’, la que aplicamos en Canarias, que a fecha de hoy se ha traducido en una situación presupuestaria difícil pero mejor que la de otras comunidades -la catalana, sin ir más lejos-, y en el hecho de que en el interanual sigamos rebajando mes a mes las cifras del paro.

¿Nos damos por satisfechos? En absoluto ¿Hemos dado con la receta mágica para salir de la crisis? Desgraciadamente, no hay varitas mágicas. Ahora bien, esa ‘receta doble’ que apuesta por controlar el déficit sin renunciar a impulsar la actividad económica está permitiendo, a un territorio tan frágil como el nuestro, aguantar con fortaleza los golpes de la crisis más importante de los últimos cincuenta años.

Del PSOE sabemos que tardó dos años -una eternidad- en reconocer la crisis y actuar en consecuencia.

Del PP -que esconde sus tijeras debajo de la alfombra para no asustar electoralmente con los recortes que pretende llevar a cabo- sabemos que quiere instaurar un modelo en el que ‘lo privado vaya a más y lo público a menos’. Su discurso empieza y termina en eslóganes sobre austeridad que muchas trayectorias desmienten, y al colocar ese mensaje como ‘pensamiento ùnico’ apenas dejan espacio para hablar del empleo o de los servicios públicos -¿van a cruzar después del 20-N la línea roja tal y como están haciendo en las comunidades que gobiernan?-.

Bueno será que se pongan las cartas boca arriba cuanto antes. Bueno será que, lejos de instalarse en posiciones excluyentes, unos y otros entiendan que es necesario -y posible- controlar el déficit sin renunciar a impulsar la economía y, sobre todo, sin renunciar a que sea el empleo el asunto verdaderamente central.