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Premio César Manrique de Medio Ambiente 2010

Porque me resultó especialmente ilusionante, quiero compartir algunas sensaciones vividas en el acto de entrega del Premio César Manrique de Medio Ambiente 2010, ayer en la Casa de los Coroneles de La Oliva (Fuerteventura) . Ilusionante y enriquecedor por partida doble. De una parte, por que lo es revivir la memoria de quien hizo de su talento y de su capacidad artística materia prima de su compromiso con los valores naturales del Archipiélago; y, de otra, por el homenaje y distinción a Luis Felipe López Jurado, el premiado de este año, un científico e investigador de primera línea que encarna los valores de compromiso y defensa de nuestra rica biodiversidad.

A César no hay canario que no lo sienta como algo propio: el emprendedor comprometido, talentoso, valiente, carismático, líder, visionario y certero, que nos legó una cultura, una filosofía, una forma de mirar y de hacer. Pero, a los que aún no conozcan a Luis Felipe, déjenme decirles que estamos ante un hombre que, a pesar de llevar viviendo en Canarias ‘tan solo’ desde 1978, su trabajo incansable, su inteligencia, su curiosidad y su amor por estas islas le han llevado a convertirse en una de las principales figuras científicas y sociales relacionadas con la biología y la ecología canarias.

Su trayectoria es sólo comparable a su capacidad para retener en la memoria las muchas anécdotas que ha vivido a lo largo de su devenir profesional. Sobre el primer aspecto, quizá basta con echar un vistazo a este resumen:

“Labor investigadora desde su puesto en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que se traduce en un alto número de artículos científicos y decenas de estudios y publicaciones, como ‘La foca monje y las islas Canarias’ o ‘Tortugas marinas. Recuperación de poblaciones extintas’.

Además, Luis Felipe López es el responsable del descubrimiento para la ciencia de una especie de rata gigante herbívora y de la tortuga gigante de Gran Canaria, así como del de la musaraña Canaria, que es el único mamífero terrestre endémico que todavía vive en el Archipiélago.

En su dilatado currículo también tiene cabida su estudio sobre los cetáceos en Canarias, en el que analiza la relación entre las maniobras militares y la muerte de estos mamíferos marinos.

A este importante trabajo dedicado a salvaguardar la rica biodiversidad canaria se suma la puesta en marcha de un importante proyecto de recuperación de la tortuga boba en las Islas, una iniciativa respaldada por el Gobierno de Canarias. Parte de este plan es la creación en Cabo Verde de un centro internacional de investigación de la biodiversidad marina”.

Ahí es nada, aunque hay mucho más. Y en el campo de las anécdotas, en el que se ‘refugió’ durante sus palabras tras recibir el galardón, todo un universo de humanidad y sensibilidad como el asombro del farero de Lobos ante el descubrimiento de las musarañas que viven en el islote (“Aquí no hay de esos ratones trompudos”), o la ‘alerta’ ante la existencia de un lagarto de 30 centímetros de ancho en Fagagesto, que al final resultó ser un lagarto destripado en un atropello.

En fin, que desde aquí reitero mi admiración y respeto por César y por Luis Felipe, perfectos ejemplos para todos nosotros, cada uno desde su ámbito, en lo que debe ser la responsabilidad compartida con nuestro medio ambiente, nuestro mar, nuestra tierra, nuestro cielo, nuestra flora y nuestra fauna. Con nuestra biodiversidad. Una canarias sostenible es la mejor herencia que pueden recibir nuestros hijos.