Pregón de las Fiestas de Firgas 2010

Nos reúne esta noche, en este municipio de Firgas del que tan orgullosos nos sentimos todos los canarios, la devoción a un santo que es símbolo de entrega, de solidaridad, de humildad.

Desde el atril

Símbolo que dibuja raíces que se pierden en la memoria de los siglos. Sentimientos cuya vigencia entre los firguenses se mantiene intacta, viva, latente, tan presente como entre aquellos primeros vecinos que lo escogieron como patrón.

Patrón de la lucha contra las epidemias, y también de las mejores cualidades humanas.

El desprendimiento personal para atender al necesitado.

La entrega generosa al semejante.

La dedicación de toda una vida a mitigar el sufrimiento de los demás.

Toda una simbología, todo un retrato colectivo que fotografía con nitidez y justicia la personalidad de aquellos que, hoy como ayer, constituyen el elemento fundamental –los pilares- de la Villa.

Pilares que son sus personas, sus vecinos. La gente que le da vida, nombre y existencia en las Islas y más allá.

Retrato de familia que habla del carácter abierto y diáfano con que es reconocida Firgas en toda Canarias.

Un municipio que, siempre a favor de la corriente del agua que tanto y tan buen nombre le ha dado, proyecta su sombra dentro y fuera del Archipiélago, no ya como una marca, sino como un referente; como un símbolo de iniciativa, de empuje, de las cosas bien hechas.

Este municipio es, además de fervor por el santo que lo protege, un abanico de realidades y sensaciones que identifican a sus habitantes, proyectándolos en el exterior.

Porque Firgas es tierra y medianía, es cultura, es historia, es deporte, tradición, rincones inolvidables y, sobre todo, es el reflejo de todos los corazones, apellidos o nombres propios, ilustres, populares o anónimos, que la vieron nacer, que contribuyeron a su desarrollo y continúan bregando día a día para engrandecerla y entregársela a las generaciones futuras.

Todo ello desde el esfuerzo, la entrega, el sacrificio y un inquebrantable compromiso colectivo.

Solidaridad, compromiso y entrega, valores que comparten con el santo, y que hacen realidad no sólo de palabra sino en el camino de los hechos.

Es por esto que, si ustedes lo permiten, me gustaría en este pregón homenajear –humilde y brevemente- a las gentes, a sus lugares, a los protagonistas que, conocidos o anónimos, dan forma al espíritu y la identidad de un pueblo.

A los rostros, a las calles.

A los oficios, a las plazas.

A las alegrías, los balcones, las almas o la siembra.

A los colores, olores y sabores.

Nombres como La Capellanía, Padilla, El Cortijo, Cambalud, Los Chorros, El Zumacal, Trapiche, Buen Lugar o Casablanca se entrelazan para tejer una trapera de pagos y barrios alrededor de su eje central.

Repasando algunos de los magníficos trabajos de Manuel Perdomo Cerpa, cronista oficial de esta Villa, es fácil dejarse llevar por las calles Real de Arriba, Real de Abajo, los Corredores, la plaza de San Roque, el callejón del Pilar, la calle Norte, la plaza de San Luis y de San Juan o, entre otros, por el Cortijo de Lomo Pelao.

Un viaje por el tiempo, en todas las direcciones, que ayuda a profundizar en el conocimiento y el sentir de este lugar de nombre y renombre.

La fonda de Rosarito, la escuela de Petrita, las tiendas de Bartolito, Paquito Domínguez, Panchito, Maestro Pepe, Juan Pérez o los hermanos Perdomo, la zapatería de Maestro Bernardino, la panadería de Isabelita, la herrería de Antonio Brito, los maestros don Pedro Betancor y doña Elizenda, Emilia la Costurera, el cubo del molino, los lavaderos, el surtidor de gasolina, las cuatro esquinas, las barberías de Maestro Juan Álamo y la de Maestro Miguel y Carlitos, la latonería, los corredores, la Hermandad de Labradores y Ganadero.

Personas y rincones inolvidables del ayer y del hoy de un municipio que también ha sabido engendrar figuras de primera línea del deporte canario como Manuel Marrero, Pollo de Buen Lugar, una de las más sobresalientes referencias en la historia de la lucha canaria.

Pero este mosaico, rico y diverso que es Firgas, no acaba en sus personas. Va más allá.

Cómo reconstruir con pocas pinceladas aquella espectacular Selva de Doramas -hoy ya perdida- o ese impresionante barranco de Azuaje y su ‘milagrosa’ Fuente Santa, que entre todos debemos sentir como propio.

Sobre el que, por cierto, el Gobierno de Canarias viene realizando importantes inversiones desde 2003 para su mantenimiento y recuperación.

Los berreros, los maizales, los platanares.

Imágenes que, incluso desde la distancia o el recuerdo, acaban por atrapar hasta al foráneo.

Estampas inolvidables y queridas que definen a todo un pueblo. A toda una comunidad.

A un municipio también generoso, abierto y hospitalario.

Solidario, esforzado y entregado.

Municipio que los canarios de las siete islas y del exterior sentimos como algo nuestro.

Las virtudes del patrón son también las virtudes de Firgas.

Las señas de identidad de la Canarias que queremos.

Firgas, Gran Canaria – 30 de julio de 2010

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