Acto de recepción de los documentos del archivo de Juan Negrín

En primer lugar, quiero agradecer a la presidenta de honor de la Fundación Juan Negrín y al presidente del Cabildo de Gran Canaria su amable invitación a este acto.

Una cita que culmina un anhelo, un compromiso, una deuda, una larga espera que se hoy se hace realidad.

La recepción de este importantísimo patrimonio documental, así como la entrega de llaves del edificio cedido por el Cabildo de Gran Canaria a la Fundación Juan Negrín para su sede constituyen la contribución más notable para seguir dando pasos en el conocimiento, reconocimiento y difusión de tan monumental figura, tanto científica como política.

La del único canario que ha sido jefe del Gobierno de España.

En nombre de los canarios de dentro y fuera de las Islas, en nombre del Gobierno que presido, quiero dar la enhorabuena a todos cuantos, con su esfuerzo, dedicación y perseverancia, han contribuido que este legado documental haya arribado felizmente a nuestra tierra, a la isla natal de Juan Negrín.

El compromiso del conocimiento y de la divulgación del legado del científico, político y escritor grancanario, experimentará, a partir de este acto de recuperación documental, un importantísimo estímulo.

No solo para los investigadores, sino también para el público en general.

A nadie se le escapa que la figura de don Juan Negrín ha estado envuelta en un silencio interesado.

Por lo tanto, se abre un nuevo cauce para saldar la injusticia más grande de todas, el olvido propiciado, el olvido de la arrogancia, el olvido de quienes se han creído los dueños de la historia.

En esa dirección, ampliar el entendimiento y la comprensión de la trayectoria y legado intelectual de Juan Negrín es, lisa y llanamente, un acto de justicia.

Justicia con él y justicia con nuestra propia memoria.

Entender su papel y contribución en la etapa más trágica de la historia de España, su admirable capacidad mediadora y dialogante, también facilitará los esfuerzos de quienes han luchado por el recuerdo y dignificación de los olvidados, de los desaparecidos, de los desterrados y de los exiliados.

Como político, como ciudadano, he de subrayar en Juan Negrín valores como la sensatez, la capacidad de diálogo, la vocación de servicio y la firmeza ante las adversidades.

Todo más allá de cualquier atisbo de egoísmo o de los propios intereses políticos y partidistas.

Valores, insisto, dignos de tener en cuenta y especialmente necesarios en el presente incierto que ahora transitamos.

Su ejemplo debe seguir iluminando a todos los que, como él, creemos en los valores irrenunciables de la democracia y la libertad.

Precisamente por eso, debemos seguir trabajando en divulgar su legado a las nuevas generaciones.

Será, sin duda, el mejor tributo que podamos rendirle

Muchas gracias

Las Palmas de Gran Canaria, 13 de diciembre de 2013

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