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Con más pasión y orgullo, cada año celebramos el día de la tierra que nos vio nacer o que solidariamente nos acogió. Cada Día de Canarias exhibimos parte del amplio catálogo de muestras que nos distinguen como Pueblo Atlántico, insular y alejado.

Indudablemente, es la geografía la que ha influido de manera decisiva en nuestra idiosincrasia. Mucho tiene que ver el aislamiento al que nos somete el mar, la fragmentación interinsular y nuestra posición en la encrucijada de tres continentes. Todo ello influye en peculiaridades como el habla, el carácter y el temperamento que nos distingue de otros pueblos.

Los actos promovidos por las instituciones y la sociedad civil durante mayo y, sobre todo, la creciente participación popular alrededor de esta efeméride, confirman que el sentimiento de canariedad adquiere un arraigo cada vez más que sobresaliente. En este sentido, los centros escolares de todas las islas, igual que los de mayores, desarrollan una labor encomiable, que irradia en todas las capas de nuestra sociedad y poco a poco consolida esta celebración.

Particularmente, hay que destacar el trabajo que realizan el profesorado y los padres y madres de los alumnos en los colegios. Básicamente, porque la clave del futuro de nuestra tierra está en las escuelas. El mayor error que hemos cometido, durante las más de cuatro décadas de autogobierno, ha estado en el sistema educativo. Hemos crecido con un importante déficit de autoestima y una cierta vergüenza a la hora de poner en valor lo nuestro.

Como pueblo colonizado, hemos vivido demasiado tiempo pensando que todo lo que venía de fuera era mejor. El complejo de inferioridad nos ha atenazado durante demasiado tiempo. Pero luchar y defender los intereses de los que aquí vivimos aquí no es una cuestión privativa solo de los nacionalistas. Los canarios de derechas, los de izquierdas, los de centro, los socialdemócratas, los comunistas, los ácratas o los independentistas disfrutamos, igual que sufrimos, las ventajas y desventajas de vivir en unas Islas únicas.

Del mismo modo, tampoco es una limitación para luchar y defender los intereses canarios el lugar de procedencia de quienes han venido y echado raíces entre nosotros. Es más, todos aquellos que lo hicieron y arraigaron en las Islas con sus familias, tienen elementos comparativos suficientes para valorar la justicia de las reivindicaciones canarias incluidas en nuestro Estatuto de Autonomía, guardián de las singularidades isleñas.

Cabría preguntarse por qué andaluces, extremeños, murcianos, gallegos, cántabros, asturianos o riojanos se acomodan e integran mejor en otros territorios, como el País Vasco o Cataluña, asumiendo más adecuadamente el sentimiento de pertenencia que en unas islas hospitalarias y abiertas como en las que vivimos con orgullo.

Querer y sentir la tierra en la que nacimos o nos acogió. Por encima de ideologías y lugares de procedencia. Estas son las claves por las que se respeta a Cataluña y a Euskadi. Desde luego, no se puede hacer con un decreto o una ley. El futuro de nuestras Islas será más previsible si somos más fuertes y respetados en el contexto de los pueblos del Estado español y de Europa.

Por todo ello, la exaltación de la canariedad vivida especialmente en estos días de celebración debe ayudarnos a reflexionar sobre cómo contribuir a que nuestros descendientes encuentren su futuro en este territorio archipielágico, que, sin duda, es un regalo de la naturaleza.

El Estatuto de Autonomía y el Autogobierno han roto la barrera del aislamiento marítimo y contribuyen al avance como un solo Pueblo. En la unidad está nuestra fuerza.