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Es muy difícil encontrar en el diccionario una palabra que defina y califique con precisión la actitud del Gobierno de España con quienes vivimos en el Archipiélago, decidiendo el atraque en las Islas del crucero de lujo con bandera holandesa afectado por hantavirus. ¿Ninguneo a nuestras instituciones? ¿Desdén? ¿Desprecio? ¿Burla? ¿Colonialismo? ¿Tomadura de pelo? Cualquiera de estos términos sirve para comprender el comportamiento grosero y desleal con el Gobierno de Canarias y sus habitantes.

Conste que no juzgamos el acierto o desacierto de esta decisión político-técnica, que al parecer pactaron el Gobierno español y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Denunciamos que una decisión de este calado se tome sin informar y hacer partícipe de la misma al Gobierno de nuestra tierra.

Igual que con el ninguneo y abandono en materia migratoria o con la autorización a Repsol para que antaño explotara los recursos naturales cercanos a nuestras costas, la concesión del permiso para el desembarco del crucero holandés retrata a la perfección lo poco o nada que le importamos a la Metrópolis quienes habitamos este Archipiélago Atlántico.

Además, esta desconsideración y falta de respeto con el Gobierno de Canarias se produce en el marco político de colaboración y buena sintonía mantenida por Coalición Canaria con el Gobierno de Sánchez, durante toda la legislatura, en las Cortes Generales.

¿Se atrevería el Gobierno de España a tomar una decisión unilateral de este calado para autorizar el desembarque en los puertos de Bilbao o Barcelona? Evidentemente, no. Esa es la diferencia entre el trato a pueblos respetados frente a este otro, de corte colonial, a quienes vivimos en las Islas.

En política, el respeto se gana con los votos. Sumando fuerzas para ser más fuertes. Sobre todo, a la hora de defender unos intereses que poco tienen que ver con los de la Península. Porque se derivan de la condición de Archipiélago Atlántico con el que nos define nuestro Estatuto de Autonomía.

Nos hallamos en el preámbulo de unas nuevas elecciones generales. A la espera de lo que suceda en Andalucía el próximo domingo 17, la precampaña está en marcha de manera descarada. Sólo una mayoría absoluta de Moreno Bonilla y una catástrofe en el resultado que obtenga María Jesús Montero podría variar el plan de Sánchez de cumplir toda la legislatura. En cualquier caso, todos los partidos se están rearmando ante el nuevo ciclo electoral que se avecina.

Frente a opciones políticas estatales que nos ningunean, maltratan y faltan al respeto, la mejor medicina es fortalecer la presencia en Madrid de diputados y senadores isleños. A Canarias solo se le escucha y respeta cuando los partidos centralistas necesitan nuestros votos.

De ahí que precisemos recuperar en las Cortes Generales a los grupos de obediencia canaria. Entre 1994 y 2011, el Archipiélago logró un protagonismo especial en Madrid porque Aznar, primeramente, y Rodríguez Zapatero, con posterioridad, necesitaron los votos de los canarios.

¿Servirá esta nueva cacicada del Gobierno español para que los nacionalistas de todas las Islas se unan, como ocurrió en 1993, con la creación de Coalición Canaria, y coloquen al Archipiélago por encima de sus legítimos intereses partidarios? Defender a Canarias del trato colonial que siguen dándonos los distintos Gobiernos de España es un objetivo compartible por todas las fuerzas de obediencia canaria. Solo hay un camino para conseguirlo, juntarse.

Hay suficientes datos objetivos que atestiguan la falta de sensibilidad de Madrid con las particularidades de este Archipiélago Atlántico alejado. ¿Será la crisis política abierta por la gestión del hantavirus la que termine por quitarnos la venda de los ojos? Ojalá estemos ante el momento idóneo para impulsar una gran coalición político-social que defienda nuestras singularidades, consagradas en el Estatuto de Autonomía.