Entre indignados, escépticos y esperanzados están los ciudadanos de este país a consecuencia de los dos grandes acontecimientos mediáticos de los últimos día. De una parte, la salida de la cárcel, indultados, de los condenados por el conflicto catalán; y, de otra parte, el juego y los resultados de la selección española de fútbol que lidera el extravagante Luís Enrique.

En el caso del fútbol, los goles y los resultados hacen milagros, por eso en apenas noventa minutos los indignados, escépticos y esperanzados se transforman en eufóricos forofos del equipo en el que todos se sienten representados.

Por lo que respecta al indulto concedido por Pedro Sánchez y su Gobierno a los condenados por el Tribunal Supremo por la vulneración de la legalidad vigente en Cataluña, los principios y la ideología suelen ser menos moldeables oscilantes ante un determinado y puntual acontecimiento.

Desde luego, no ayuda mucho a Pedro Sánchez –en el objetivo de que indignados y  escépticos lleguen a creer que los indultos sirvan para abrir un nuevo período de diálogo y concordia con el independentismo catalán– la inicial actitud provocadora, en algunos casos chulesca, de los excarcelados.

En los albores del grave conflicto político y social que estaba anidando en Cataluña –en 2014– en una audiencia que tuve en Madrid con una altísima autoridad del Estado, comentando los graves desencuentros que se estaban produciendo entre el Govern catalán de Artur Más y el del Estado liderado por Mariano Rajoy, mi interlocutor encadenó algunas preguntas. 

Paulino, ¿cómo vamos a arreglar el lío que tenemos en Cataluña?. ¿Con la Guardia Civiil?, no; ¿con el Ejército?, tampoco. Entonces, me dijo, ¿cómo lo podemos arreglar? Preguntas a la que él mismo respondió. Dialogando, hablando, pactando.

De momento, el único diálogo y pacto posible es aquel que se produzca respetando la Constitución y la legalidad vigente. Desde luego, son respetables las posiciones políticas que abogan por un nuevo modelo de Estado. Si éstas no tienen cobertura en el actual marco legal, la vía democrática es la modificación de la Constitución siguiendo los procedimientos que la misma contempla.

A Pedro Sánchez no le ha faltado determinación para intentar abrir una vía política que ayude a encauzar el gravísimo conflicto abierto por los independentistas catalanes con el Estado. El indulto concedido a los condenados por el “procés” debería entenderse en esa clave. El problema está en que –al menos hasta el momento– ha calado más la idea de que los indultos obedecen al deseo de Sánchez de blindarse el apoyo de los independentistas hasta final de legislatura que a la convicción real de que van a ayudar a facilitar el diálogo Madrid-Cataluña en el marco de las reglas de juego vigentes.

Sánchez ha jugado fuerte y ha puesto su futuro político en manos de los independentistas. Si el nuevo marco político que se ha abierto con la excarcelación de los condenados por el “procés” rebaja la tensión entre las instituciones catalanas gobernadas por los independentistas y las del Estado, propiciando un diálogo civilizado, democrático y respetuoso con el marco legal que dimana de la Constitución, Pedro Sánchez se consagrará como líder y estadista.

Si. por el contrario, los independentistas catalanes mantienen la actitud desafiante y provocadora que exhibieron al salir de prisión y ratifican su voluntad de reincidir con su desacato al Estado, el presidente quedaría tocado y contra las cuerdas. Lo bueno para Pedro Sánchez es que ha tenido la valentía y el coraje de intentarlo; lo malo para él es que su futuro político ha quedado en manos de la voluntad de los independentistas catalanes.