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El mes de agosto ha dejado de ser el tiempo en el que no pasaba nada relevante en el ámbito político, ese paréntesis que “todo el mundo” aprovechaba para disfrutar de las vacaciones; especialmente este año, entre otros factores porque ya se intuía que iba a ser muy movido, teniendo en cuenta que el nuevo Gobierno de España necesitaba ponerse al día con los asuntos en fase de tramitación en los distintos departamentos, y con la preparación del programa comprometido por el presidente en el Congreso de los Diputados.

No acaban ahí los elementos que han agitado este periodo. El verano también ha marcado el aterrizaje en la presidencia del PP de Pablo Casado, después de unas novedosas y sonoras primarias en las que logró imponerse a la ex-vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría.

A Pedro Sánchez y a los partidos censurantes les unió el objetivo de echar a Rajoy y al PP del Gobierno, aunque todos presagiábamos las dificultades que entrañaba mantener unida esa alianza en el tiempo que resta para culminar la legislatura. Lo que no estaba en el guión es que los aliados -coyunturales- de Sánchez le estropearan el mes de agosto con el rechazo en el Congreso al techo de gasto y al objetivo de déficit, hitos que dejan en el aire los Presupuestos Generales del Estado para el próximo ejercicio -además de dejar en evidencia la fragilidad del Gobierno-. La desconfianza e incertidumbre que le generan sus acompañantes en la censura, Cataluña, el acercamiento de presos y todos los aspectos que tienen que ver con la inmigración tendrán bastante ocupado al nuevo inquilino de la Moncloa.

También tendrá mucho trabajo este mes de agosto el presidente de los populares Pablo Casado. La proximidad de elecciones, la necesidad de consolidar el liderazgo recién estrenado dentro de su partido y la recuperación del espacio de la derecha ideológica española para el PP, exigen aprovechar este mes de agosto -que, por otra parte, es generoso a la hora de brindar espacios en los medios de comunicación-. Las secuelas dejadas por el congreso y posterior nombramiento de los órganos de gobierno del PP se han ido cerrando lentamente con la incorporación a la dirección de la organización de militantes afines a Soraya; agosto, en este caso, se convierte en el período de reflexión que podría facilitar la incorporación de la ex-vicepresidenta a los órganos de gobierno.

Si bien desde la dimisión de Rajoy el PP había recuperado el protagonismo mediático como referente del centro-derecha, los primeros movimientos de Casado han terminado por oscurecer  totalmente a Rivera y a Ciudadanos. Ha seleccionado muy bien el nuevo líder del PP los espacios físicos y los mensajes que le pueden reforzar como referente de la derecha española. Euskadi, para hablar del acercamiento de presos; Cataluña, para lanzar un mensaje de la unidad de España y contra el independentismo; y Ceuta, para exhibir su política de inmigración. Probablemente, ahora mismo son los tres asuntos que más pueden mover los sentimientos de los ciudadanos. Durante mucho tiempo, la brutal crisis económica que nos ha afectado en la última década dejó muy poco espacio para poder jugar con los sentimientos de las personas. Sin embargo, ahora el clima positivo que envuelve la recuperación económica -a pesar de los problemas sociales que aún subsisten- favorece la receptividad de los ciudadanos a otro tipos de asuntos menos economicistas.

Desde luego, hay que reconocerle a Casado su arrojo a la hora de seleccionar los lugares desde los que hacer llegar sus mensajes. El presentarse el día de la Virgen Blanca -patrona de Alava- en la plaza de Vitoria para lanzar un mensaje en contra de la política de acercamiento de presos y rescatar el discurso contra la ex-banda terrorista tiene su mérito, especialmente para los conservadores. Tampoco es fácil plantarse con la Ejecutiva de su partido en Barcelona para hablar de la defensa territorial de España y enfrentarse en todos los terrenos a los independentistas. En el conflicto con los independentistas catalanes, Casado -como líder de la oposición- puede ir más allá en su discurso de lo que pudo su propio partido desde la responsabilidad de Gobierno. Por otro lado, la inmigración es un asunto muy sensible que dará mucho que hablar a lo largo de los próximos meses -puede convertirse en uno de los ejes centrales de la lucha por el poder entre las políticas que defienden los progresistas y los conservadores-. Pablo Casado utilizó un punto sensible como es Ceuta para posicionarse en contra de la política del Gobierno de Sánchez. El nuevo presidente del PP no ha querido perder tiempo y se ha lanzado a presentar cuanto antes sus credenciales o su tarjeta de presentación.  Con todo, los pasos -estratégicamente acertados- que está dando Casado para convertirse en la única opción de gobierno de la derecha pueden verse afectados por el escándalo del master. Todo parece indicar que agosto también se le va a atragantar. Casado ha arrancado acumulando luces, pero sin dejar atrás un asunto que lo acompañará estos meses -el caso máster- hasta convertirse en su mismísima sombra