Acabamos de cerrar el año 2025 con la publicación de un informe del Instituto Canario
de Estadística (Istac) sobre la evolución del Producto Interior Bruto (PIB) por habitante
en cada una de las Islas. A tenor de estos datos, se constata una reducción del 23%
entre la isla más rica y la más pobre de nuestro Archipiélago.
La información del Istac viene a matizar, parcialmente, algunas de las leyendas
urbanas sobre el predominio de Tenerife y Gran Canaria por encima del resto. Así,
certifica que, de modo lento pero inexorable, las diferencia se acortan. Lanzarote y
Fuerteventura son las más ricas, mientras que La Gomera y El Hierro son aquellas
donde más crece la renta media per cápita. Las dos capitalinas se mantienen a mitad
de la tabla, con un incremento de su PIB per cápita alrededor del 6%.
Los datos dados a conocer el pasado lunes se refieren al ejercicio cerrado de 2024 y
señalan que La Gomera, con una subida del 19,4%, triplicó el crecimiento de
Lanzarote (6,7%), que es la isla más rica (28.280 euros), y superó ampliamente el
crecimiento medio del Archipiélago (6,6%).
En resumen, Lanzarote registra el PIB per cápita más elevado, con 28.280 euros por
habitante, seguida de Fuerteventura, con 26.219 euros, y Tenerife, con 26.061 euros,
todas por encima de la media del Archipiélago (25.877 euros). Gran Canaria la roza,
con 25.468 euros. En clara progresión, pero aún por debajo de la media, figuran La
Palma, con 23.879 euros; La Gomera, con 23.570, y El Hierro, con 22.760.
Del análisis de todos los datos se puede concluir que Canarias, en la senda
emprendida desde que tenemos autogobierno, sigue avanzando hacia el equilibrio en
calidad de vida y oportunidades de todos sus territorios. De todas sus Islas.
La apuesta por la solidaridad interterritorial refuerza el sentimiento de unidad y entierra
los viejos pleitos insulares, de los que sacaban provecho unos pocos. La aprobación
en las Cortes del Estatuto de Autonomía no solo permitió abordar políticas
reforzadoras del sentimiento de pertenencia, solidaridad y unidad como un único
pueblo, sino que se traduce ahora en la reducción de las diferencias en rentas y
calidad de vida entre Islas.
Las políticas públicas impulsadas desde hace décadas por el Gobierno de Canarias
están favoreciendo la corrección de las enormes diferencias que existían entre los
territorios insulares. No hay otro camino que el de la solidaridad y, por lo tanto, la
equidad en la distribución de los recursos para nivelar la calidad de vida entre sus
habitantes.
Las políticas solidarias que ayudan a acortar esas diferencias, favoreciendo la
cohesión territorial y social, son las mismas que España reclama para sí en el seno de
la Unión Europea, siendo en este sentido uno de los grandes estados beneficiarios.
Sin embargo, los gobiernos españoles de turno no se distinguen luego por aplicarlas
en cada comunidad autónoma, sino que priman de manera descarada la conservación
del poder.
Como consecuencia de esta manera de hacer, territorios como Cataluña, el País
Vasco o Navarra son cada vez más ricos, mientras que otros como Canarias,
Extremadura y Andalucía son cada vez más pobres. En el caso de nuestro

Archipiélago, no gozamos del peso social, económico o histórico suficiente para
corregir las injusticias con las que el Gobierno de España trata a la que consideran
como su última colonia atlántica.
De manera que solo con el peso político adecuado en las Cortes Generales podremos
cambiar ese rumbo. Necesitamos disponer en Madrid de un grupo parlamentario de
obediencia canaria, capaz de participar de las decisiones que nos afecten.