Es difícil predecir si en España tendremos un adelanto de las elecciones generales,
que el calendario fija para junio de 2027. Todo dependerá de si Pedro Sánchez
disuelve las Cortes o de que pueda prosperar una moción de censura auspiciada por
la mayoría absoluta de la oposición.
Lo que no ofrece ninguna duda es que ya ha dado comienzo una precampaña
electoral descomunal, en un país donde el enfrentamiento entre la derecha y la
izquierda está alcanzando unos niveles desconocidos en estos casi cincuenta años de
democracia que hemos disfrutado.
Ni siquiera el enfrentamiento producido entre socialistas y populares en 2004, durante
la gestión político-mediática de los atentados del 11-M en Madrid, alcanzó los niveles
de crispación y rencor que está padeciendo la política en España de un tiempo a esta
parte.
El nuevo ciclo electoral se iniciará el 21 de diciembre en Extremadura, para continuar
en 2026, en Castilla y León y Andalucía. En medio no hay que descartar que se pueda
colar un adelanto de las generales del 2027. Aunque Pedro Sánchez ha expresado su
voluntad de agotar la legislatura, no todo está en sus manos. La justicia y los intereses
políticos de sus socios parlamentarios podrían hacerle cambiar de idea.
Sánchez conduce con mano firme su estrategia de ahondar en la confrontación, entre
lo que califica “la izquierda progresista y la extrema derecha cavernaria”. Espera,
además, que sus aparentes gestos de desacuerdo con la política exterior de Donald
Trump también le reporten réditos políticos. En simultáneo, los medios de
comunicación refuerzan, asimismo, su alineamiento.
Las encuestas y sondeos electorales empiezan a tener destacado eco en esos
mismos medios, al tiempo que los fines de semana, cada vez más, las agendas de los
líderes de todos los partidos se ven copadas con actos con afiliados y simpatizantes.
Por la izquierda, parece que empieza a imponerse la ley de los vasos comunicantes.
Al tiempo que las encuestas apuntan a una bajada de Sumar, predicen una subida del
PSOE. Ahora mismo, a tenor de esos sondeos, entre ambos aglutinan 163 escaños.
Al otro lado, por la derecha del arco parlamentario, las mismas encuestas señalan un
estancamiento del Partido Popular entorno a sus actuales 137 escaños, junto a un
ascenso paulatino de la opción extremista que representa VOX. Según se desprende
de algunos de los trabajos demoscópicos referidos, los de Abascal podrían superar
más del doble de los 33 diputados con los que cuentan hoy.
El choque político entre la derecha y la izquierda española resulta brutal y deja un
panorama electoral bastante incierto. Más que de qué partido puede ganar las
próximas elecciones, los cálculos empiezan a hacerse sobre qué bloque sumará los
176 escaños que garantizan la mayoría absoluta.
No hay que olvidar que el PSOE viene gobernado, aunque el ganador de las últimas
elecciones fue el PP y cabe la posibilidad cierta de que, tras las próximas, suceda lo
contrario: que las gane el PSOE y gobierne el PP. La referida ley de los vasos
comunicantes puede decidir. La falta de opciones políticas que hagan de bisagra -unas

veces puedan pactar con la izquierda y otras con la derecha- nos condena a esa
conclusión.
En otro momento, ese papel lo han interpretado el Partido Nacionalista Vasco, la
extinta CiU y la propia Coalición Canaria. Pero hoy en día, las posiciones políticas
maximalistas planteadas por VOX reducen la capacidad de maniobra del resto de las
fuerzas a la hora de pactar.
En este escenario de confrontación político-mediática que se vive en España,
Coalición Canaria tiene que buscar un mensaje claro y nítido con el que llegar a la
gente que vive en las Islas. El primer paso es activar, cuanto antes, a afiliados,
simpatizantes y votantes nacionalistas, instruyéndolos para que sean embajadores de
lo que ha significado para el Archipiélago tener una representación genuina en las
Cortes Generales.